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sábado

Mi Idilio y Dolor Cinéfilo…no tan común tiene diario un hombre*

Lleno de esperanzas que revoloteaban en mi mente y corazón, a mis 20 años en el año de 1995 yo recuerdo que tuve mi primera cita. Ella, tan elegante, algo mayor por cinco años, pero humilde, no le importaba que yo no fuese un galán. Veía mi alma con sus ojos de rayos X, su radiación creaba en mí una impotencia…una impotencia de decirle muchas cosas, quise decir.

Fuimos al viejo cine Capcimide, hicimos la cola mientras conversábamos de tantas cosas que no sé qué eran, el miedo de la primera cita me ponía la carne de mariposa y sentía gallinas que jugaban con mi vesícula. Oculté y me contuve mucho, en especial porque el gallinero me estaba provocando ir al baño y hacer una…del tamaño de las que ponen los avestruces.

Ella hablaba, hablaba, hablaba…en esa primera cita lo sentí válido. Yo solo oía, pero lo que en mi corazón juvenil sentía por ella. ¡ese era el gran día!.

Compré las entradas con un montón de billetes enrollados que, cuál muchacho, cargaba en mi bolsillo, ahorrado de unos mandados, vender latas y un triple que me gané esa semana con un vuelto de mi papá y del cual nada dije o me lo pechaban, ya que “la intrínseca humanidad exige que nos alineemos en un haz de luz con el cosmos para llegar a un letardo de conciencia que nos permita suprimir la vergüenza de ocultar el poderío que el vil metal nos puede ofrecer y más cuando el destino sentimental nos ata en una convergencia intertropical de mares inconmensurables de placer”**.

Pues bien, cuando compré las entradas y le entregué la suya, observé terribles cambios en ella; se llenó de una cólera tremenda, me insultó, me dio una bofetada, me dijo que ella era una mujer y que yo un imberbe…tantas cosas ante las cuales no supe reaccionar, sólo la veía y sentía que mi alma se caía a pedazos y errático apenas atinaba a preguntarme ¿qué pasó?, ¿qué le hice? y en un segundo hice miles de rezongos al destino a la par de observar a la gente sorprendida, murmurando, algunos riendo. A esa edad eran puñaladas a mi alma.

Ela se fue luego de romper su entrada y vaciar el refresco en el piso…no me pregunten cuándo tuvo un refresco en la mano, ese bache estará siempre en mi mente. Hicieron el llamado a la película, el acomodador con una sonrisa cínica me conminó a que entrara a la función. Cuando rompió el boleto recapitule el momento, sin muchas fuerzas llegué a mi asiento mientras veía a la gente que en silencio me observaba como una segunda película en esa sala.

Me dispuse a ver el film para hacer tiempo y tomar fuerzas para irme a casa. Pero era difícil, trataba de atinar qué fue lo que sucedió, por qué se molestó conmigo, se acabó de un estruendo el que hubiese sido el momento más especial de nuestras vidas, ella y yo disfrutando genitos una película.

13 años después en los cuales aún no me dirige la palabra, me pregunto qué pasó, por qué su arranque de ira en ese instante evitó que ella y yo viéramos la cinta sobre los POWER RANGERS “LA PELÍCULA”. Sólo Dios sabe.***





* Parodia del blog “Diario de un hombre no tan común” del poeta urbano Gilberto Padrón (Caracas) http://www.gilbertopadron.blogspot.com/.
** No me pregunten, así escribe él.
*** Basado en hechos reales.
 Soy arcilla,
en tus calientes manos mujer
me pongo duro ¿le damos?

Lleva este hermoso Haiku a tus amistades desde aquí:

1 comentario:

GILBERTO dijo...

Sé que no es escusa pero he estado sumamente ocupado como para agradecerte este "homenaje" jejejeje.

Sabrás que lo que mas me gusto fué el psudo haiku, te quedó genial, pues tal vez sin quererlo lograste plasmar el concepto esencial del poema corto japonés.

Mil gracias por tu gesto.

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