Diario de un Setentón en el GYM...


Enviado a mi correo humoristech@hotmail.com por Mary Francis.
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Con motivo de mi  trabajo sedentario y  la consecuente acumulación de grasa en  mi  barriga, mi mujer me ofreció un servicio de entrenamiento personal en un   reconocido gimnasio.  Lo acepté gustoso y hasta fui personalmente  a hacer mi reserva.

Me asignaron una “personal trainer” llamada  Nadia,  una  escultural instructora de 26 años, modelo de  ropa  deportiva como pude observar en los afiches allí colgados.

Ella me  explicó que sería muy  útil anotar mis experiencias en una ficha de forma  de poder observar yo mismo mi  progreso. Así lo hice y quisiera compartirlo  con ustedes.

Día  1:
Me levanté a  las 6 de la mañana como   habíamos quedado.  Bastante  difícil  levantarse de la cama para ir al gimnasio, pero todo cambió cuando llegué y vi  que  Nadia estaba esperándome. Parecía una diosa  griega: rubia, ojos  verdes y una gran sonrisa, con  unos labios carnosos y espectaculares. 

Me hizo un tour, me mostró los aparatos  y me tomó  el pulso  después de 5 minutos en la  bicicleta  fija.  Se alarmó de que mi  pulso estuviera tan  acelerado,  pero yo aproveché para piropearla y  se lo atribuí a ella, que estaba vestida con una mallita de lycra que se le  metía en la  cola.

Disfruté bastante viéndola dar su clase de  aerobics,  después de terminar mi  inspirador día de ejercicio. Nadia  me mantenía motivado para hacer mis abdominales, a pesar de que ya me  dolía  mucho la  barriga.

Día  2:
Me tomé dos  tazas de café, y  finalmente logré  salir de mi casa. Nadia hizo que  me  recostara boca arriba, me puso a levantar una pesada  barra de  metal y después se atrevió a ponerle... ¡pesas!
En la  caminadora mis  piernas estaban  un poco debilitadas, pero logré completar un  kilómetro.  Su aprobadora sonrisa y su guiño cómplice hicieron  que  todo valiera la pena. ¡Me  sentía fantástico! Era una nueva vida...

Día  3:
La única forma en que pude lavarme los dientes fue poniendo el  cepillo sobre el  lavatorio y moviendo la cabeza a ambos lados encima  de  él. Creo que tengo una hernia abdominal.  Manejar no fue  nada  fácil: de sólo frenar el auto me  dolían hasta los pelos del culo,  estacioné encima de una motito de delivery...

Nadia  se impacientó un  poquito conmigo por considerar que mis gritos de dolor molestaban a los  demás  socios del club. La verdad que su voz  me resulta un poco aguda  a tan tempranas horas de la  mañana y cuando levanta la voz se vuelve  nasal.. Es  muy molesta.

Me duelen las  pelotas cuando me subo a  la cinta, así que Nadia me cambió a  la escaladora. ¿Me pregunto  por  qué mierda alguien inventa una máquina  para hacer algo que se ha vuelto  obsoleto con el uso  de los ascensores?  Ella me dijo que me ayudaría a  ponerme en forma y a disfrutar a  pleno la vida. Otra de sus   pendejadas...

Día   4:
Nadia me estaba esperando con sus  jodidos ojos Verdes clavándomelos como un  puñal y su burlona sonrisita al  estilo Jack Nicholson en  Batman.  No pude evitar llegar media hora  tarde: fue  el  tiempo que me llevó acordonarme las zapatillas.  La muy cabrona me puso a trabajar con  las mancuernas pero,  cuando  se distrajo, salí corriendo a esconderme en el baño. 

Mandó a  otro entrenador a buscarme y como  castigo, me puso a trabajar en la  máquina de remar y... se me escapó un pedo que escuchó  todo el gimnasio. Nunca pasé  tanta vergüenza en mi  vida.

Día 5:
Odio a  Nadia más que a  cualquier  otro ser humano en el mundo.  Anémica de mierda, con  esos labios con colágeno, platinada sin cerebro.  Si hubiese una parte de  mi cuerpo que  pudiese mover, molería a patadas en el culo a la puta  madre que la parió.  Quiso que trabajara  en mis tríceps. ¡YO NO TENGO  TRICEPS!

Y si no quiere que rompa el piso del gimnasio, que no me pase  las reputísimas barras o cualquier otra cosa que  pese más que un  sandwich...

La  bicicleta fija me hizo desmayar y me desperté en la cama  de una nutricionista, otra flaca pelotuda que me  dio una cátedra de  alimentación sana.  La desgraciada no tiene la más puta idea de lo  que  es tener hambre.  ¿Por qué no  me pudo tocar alguien mas  tranquilo, como un maestro  de costura o un  estilista?

Día 6:
La muy hija de puta de Nadia me dejó  un  mensaje en el contestador con  su vocecita de tortillera  preguntándome por qué  no fui hoy.  De solo escucharla tiré el   teléfono al carajo, pero luego no tenía  la fuerza suficiente ni para  levantarlo, ni  para levantar el control remoto de la  tele, así que  me aguanté 11 horas seguidas viendo un solo canal de cable: Desgraciado National  Geographic, me tuve que aguantar una de pajaritos apareándose. 

Día  7:
Le pedí al chofer de la camioneta  de la Iglesia que me viniera a  recoger para ir a misa y agradecerle a Dios  que esta  semana haya terminado.  También recé  para que el año que  viene mi mujer me regale  algo un poco más divertido como: una endodoncia, un  cateterismo, un análisis de próstata...

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