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viernes

Carta de un Marciano a Chávez (de @JairoGuitarreao)


Original de Jairo Louis 
(@JairoGuitarreao)

Estimado señor. En primer lugar, me disculpo por no referirme a su persona por su nombre. El problema es que no sé cuál de todos es correcto: Camarada, amigo, Presidente, comandante, dictador, Hugo, Esteban, Chávez, etc… Me resulta muy complicado. Espero sepa entender.

En segundo lugar, habiendo escuchado sus teorías sobre mi planeta natal desde mi lugar de exilio, cumplo con ratificar parte de su discurso: efectivamente, en Marte hubo civilización. Ahora bien, me permito explicar los hechos que llevaron al fin de la vida en mi mundo, y cómo me convertí en el último marciano.

Los hombrecillos verdes vivíamos con algunos problemas de inseguridad, inflación y gobiernos corruptos contra los cuales protestábamos con frecuencia. Muchas veces nos reprimieron, pero también se lograban importantes avances.

En general, la situación marciana avanzaba a trancas y barrancas. De las protestas y reclamos surgían líderes que luego eran electos en puestos importantes de nuestro gobierno y hacían aunque fuera un poquito de aquello que reclamaban cuando eran oposición. Pero como usted, estimado señor, se imaginará, el pueblo de mi planeta siempre exigía más mejoras.

Así vino un día un hombrecillo que cautivó a todos con su discurso. Aquel ser verde de potente voz nos hizo a todos promesas irresistibles: el fin de la corrupción y una democracia más auténtica, por decir algunas. Incluso me parece recordar que aquel aspirante al máximo cargo prometió que renunciaría si no eliminaba el problema de los marcianitos mendigos.

Todos le creímos y votamos por él. Marte se vistió de fiesta para darle el poder al hombrecillo de la voz potente. Sin embargo, una vez en el gobierno, el gobernante mostró otro rostro. La corrupción de su gobierno fue muy superior a cualquiera que se hubiese visto en el planeta, la Policía marciana que antes intentaba con sus pocos recursos dar un poco de seguridad se convirtió en un cuerpo de delincuentes y la economía se fue al suelo.

Para colmo de males, quienes intentaron protestar por la situación marciana (como solíamos hacer) fueron discriminados y encarcelados. Así el cruel hombrecillo de la voz potente dividió a la población de nuestro planeta entre sus leales y sus adversos. Las tensiones entre leales y adversos fueron creciendo con los años al punto en que estalló una guerra que a la larga acabó con la vida del planeta. 

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Aquellos que no murieron por las balas murieron de hambre. Otros, al ver morir a sus seres queridos y todo a su alrededor, se suicidaron. Como puede notar, estimado señor, no fue el capitalismo, sino el afán de poder absoluto y eterno de un hombre lo que acabó con la civilización en Marte. 

Tal vez se pregunte cómo es que he vivido para contar estas anécdotas de otro mundo. La respuesta es muy simple: yo fui el último gobernante de los marcianos. Fui yo quien engañó, dividió y llevó a la extinción a los de su propia especie. Por eso pude disponer de medios que otros marcianos no tenían para escapar del planeta. 

Ni siquiera lo infinito de mi arrepentimiento me hace menos culpable. Entiendo que usted, estimado señor, es también gobernante en su tierra. Espero que encuentre útiles mis memorias.

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