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sábado

Mi Primer Juego de Béisbol

Les voy a contar mi primera visita al estadio José Perez Colmenares de Maracay, de la mano de mi papá, para ver a mi equipo favorito, los Tigres de Aragua. 

A mi papá siempre le han gustado estar en puestos privilegiados en todos los actos, pero pagando la entrada popular. En el caso del béisbol, nos coleábamos.

Así comenzó él a explicarme el béisbol:

Sentado a su lado de pronto me dijo: "esto es mejor que verlo por televisión, excepto por que no hay repetición instantánea y las mujeres bonitas te distraen; además del baño que debes compartir”.

Creí que lo del baño era otra cosa. Luego supe qué era.

Papá ¿me puede usted explicar el juego? (nótese lo educadito que era).

Bueno, con el uso correcto del idioma, comenzó la expli­cación:

"Fíjate, ése que está en tercera es una gacela, y si dan un flai al jardinero central, segurito que el hombre se queda como Renny Ottolina o Pedro Infante porque el center tiene un rifle y lo va a matar en home".

Me puse a ver acuciosamente al centerfield y después le dijo "pero yo no le veo el rifle". Me explicó que el rifle, el cañón, una china, son términos que se usan para destacar el buen brazo de un jugador.

Y siguió explicándome: "Ahora bien, el manager puede traer del banco a Perencejito que es buen tocador de bola..." Con los ojos bien abiertos por oír decirle esas expresiones le pregunté: "¿Y a quién le va a tocar la bola?". "A quién va a ser: al pitcher", me respond. "¿Y eso está permitido?". "¡Pues claro hijo! pero no te preocupes que no lo va a hacer porque el camarero está jugan­do cuadro adentro buscando una jugada en el plato".

Allí le pedí plata. Me preguntó que para qué, le dije: ¡por si ese camarero pasa cerca pedirle una coca-cola y unos tequeñitos”.

Lo cierto es que hasta que el juego se terminó me contó y me explicó acerca del ponchón que no batea ni con la puerta de una iglesia, del pitcher que lanza una aspirina, del tercera base que le pusieron un rabo, del bateador que tiró un podrido, que eso fue un out de calle (dentro del estadio ¿qué raro verdad?) y del otro que le dio en la madre a la bola.

Si no fuera por las bendiciones del idioma creo que el yo jamás hubiera entendido nada. Aunque reconozco que me medio traumó, porque no aprendí a jugar. Más que todo porque todavía no veo masculino ni de panas el llamado “saludo pelotero”.

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