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sábado

El Manual de Carreño, paralelo

Afortunadamente, el anti Manual de Carreño no es idea mía, ni siquiera la apoyo, pero como este es un blog complaciente (de damas) y está presto (para las damas), aunado a una guiatura plural y aportes en total equilibrio comunicacional con los cínicos y desgraciados, publicamos algunas normas que están ya en vigencia en la Venezuela de hoy y, quizás, en algunos países de habla hispana o a donde se muda la gente para vivir mejor, con las malas mañas de su tierra.

Una lista corta, porque -comienzo aquí el anti.Manual, esto es lo que me sale del forro de la gana:

El hombre debe subir de un bus primero que la mujer que le acompañe y bajar de último, porque quien se baja de primero es quien paga.

Subir y/o bajar las escaleras por donde quiera, nada de hacerlo sólo por la derecha.

Voltearse y escupir sin ver si viene alguien.

Colocarse varios en una acera angosta y colocar sus brazos en la cintura al estilo Superman para abarcar mayor espacio.

Lanzar el cabo de cigarro hacia atrás, sin ver.

Atravesar las motos o trompas de vehículos en las aceras.

Recostarle el miembro a quien sea en un bus, como compensación ante la frustración de ir a pie.

Vender con sobreprecio sin importar el qué dirán.

Dirimir peleas conyugales en la calle, con gritos y espectáculos que sean de la delicias de niños y grandes que vean tal espectáculo. Sí se hacen revelaciones íntimas, mucho mejor.
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Dejar un peo en un ascensor, estén o no personas en el mismo, para cumplir una tradición en base a la tentación que crean esos aparatos.

Gritar por el celular en el transporte público; sí incluye groserías o chismes, mucho mejor.

Pedir las cosas prestadas y no devolverlas, negando el que lo hicieras y molestándote y exponiendo al escarnio público a quien te solicitó de vuelta lo que era suyo y ya no es.

Pedir las cosas prestadas y devolverlas sólo en el caso de que se te hayan roto, negando el que tú lo hicieras, defendiendo tu posición de que te lo dieron defectuoso, negándote a pagarlo, molestándote y exponiendo al escarnio público a quien te solicitó de vuelta lo que era suyo y ya lo es, pero roto.

Lanzar agua por los balcones. Sí es caliente, mucho mejor.

Jamás obedecer al semáforo, seas conductor o peatón.

Llevarle a tus vecinos de las comidas o dulces que te quedaron malucos, para así no botarlos porque es malo botar comida que otro puede usar para no sé qué.

Atender a las visitas en la sala, envuelto en una toalla, sólo porque es tu casa. Abriendo las piernas de vez en cuando.

Comerse lo ajeno, porque está en la nevera de la oficina y al ser de uso común, su contenido lo es por igual.

Colocar la música que te gusta a todo volumen a cualquier hora que perturbe la paz comunal.

Botar escombros o basura donde dice que no lo hagan, tan solo porque el lugar donde deberías hacerlo, está muy lejos.

Tratar de tú a los mayores e insultarlos.

Colearse, pagar soborno, vejar, agredir y mentir en pro de tu propio beneficio, para que así nadie te haga sufrir.

Con el uso de estas normas, nuestra Venezuela podrá conservar el orden existente. Es parte del terror de muchos el dejar de hacerlas porque se sentirían bobos, sosos, cobardes, simplones, en resumen, se sentirían buenos, por ello se esmeran en aplicarlas, perfeccionarlas y superarlas.

Usualmente quienes cumplen estas normas, sufren las peores cosas de la vida, con miles de motivos, muchos aplausos y muy merecidas ovaciones por parte del diablo, quien los espera en su lugar para darles el premio por éstas y otras muestras de amoralidad incivilizada que se ocupan de destruir lo bueno, tan solo por mantener el yoísmo y la mal llamada viveza criolla.  

Al aplicar una de estas acciones, favor no quejarse de las reacciones.

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