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Soy @Humoristech, el Calimero de la 2.0

EL CALIMERO 2.0

Uno de los mejores aportes a la psicología, en lo que a clientes con una clara hipocondría ya definida y que sólo se quieren tratar aunque no la padezcan, es la de aquellos que tuvimos la fortuna de ver al original “Calimero”.

De él sabemos qué es tener una actitud melancólica, insegura, tímida, infantil o ingenua que nos hace sentir marginados por los demás con o sin motivo real.

En mi caso, es muy real aunque los demás no lo saben por el simple hecho de que no me prestan atención.
Más, como una diferencia que me diferencia, puedo aducir que no he pisado un consultorio de psicólogo, -todavía-, no tanto porque quiero enfrentar mis errores por mí mismo, sino porque los psicólogos cobran mucho por estar uno acostado hablando de lo que no quiere hablar y que al hacerlo, uno se oye y dice, ¡eso no es lo que quería oír…! (de mí).

Ser un Calimero es, luego de escuchar la trillada frase de “se te cayó la cédula”, pues es el recrear aquellos días en que Venevisión (para Venezuela), transmitía las historias de este pollito que nos daba a entender que hay quienes mal interpretan las buenas intenciones.

Para los años 80 era un pecado creer que eso podía ocurrir, pero ahora, en la segunda década del Siglo XXI, el abrirle la puerta a una dama es la pura sospecha que le queremos ver el trasero y sí, eso es factible, pero sí la dama no tiene un trasero tentador, ¿no es más bien un halago para ella de nuestra parte y una venganza por atrevido de parte de ella para con uno?

De esa mezcla de malas interpretaciones que afectan a la buena voluntad, surgen los traumas de quienes somos Calimero en nuestro ser. También se le suma el que te dice Calimero para que te des cuenta de que estás lleno de conflictos, utilizando una especie de terapia de choque que a la larga, no es más que bullying y un justificativo gracioso para lo que ya somos. Lo que sí no fue trauma, debido a su dulzura, fue el acento españoleto que a los latinos nos aturde, más bien le dio la gracia necesaria, que en otros países o circunstancia se hubiesen oído racistas o bipolares.

Para esta parte del escrito, muchos estarán pensando en el Calimero que decía “Esto es una injusticia” y es a ese Calimero al que le hacemos veneración. No a las versiones que hicieron después, que son versiones más chéveres y que no dan risa ni expectativa de "¿ahora de que lo van a culpar sin culpa?". Preferimos al que con su inocencia y buena voluntad le ocurrían cosas injustas que le hacen ganar el Cielo en La Tierra, viviendo un infierno con otras personas que no se detienen a ver los porqués sino que van directo a la inquisición. En fin, lo que le gusta hacer a muchos que respiran (para no decirles humanidad), el “echarle la culpa de sus males a otros”.

Soy un Calimero 2.0, debido a que uso las redes sociales para sacar a flote lo que un psicólogo me sacaría, pero cobrándome. Transpolar mis cuitas en humor y dolor me han hecho ganar adeptos y un montón de críticas. Eso, aunque pueril, es un modo de cubrir mi problema básico de atención que es: Sí no me prestan atención, me frustro.

Hay seres tan viles que para hacer que sus problemas sean menos, se la pasan indagando los problemas de los demás para compararlos con los suyos y sentirse mejor. Sí usted lo ha hecho, sepa que eso está mal, la vida se compara hacia arriba. Pero consuélese, yo también lo hago, en especial con los que son botados por su mujer o las que el novio se les fue con otro hombre. Eso lo veo comiendo dulce y me da placer orgásmico y no digo más porque luego me andan investigando para sentirse bien.

Ser Calimero es un honor, porque la inocencia que brota de mí es tan grande como mi espectacular bondad, respeto, inteligencia, dulzura, ternura y sobre todo, modestia humilde. El amo de la modestia humilde pues.

Y es que Yo y Calimero…perdón, Yo y Calimero, quise decir, somos iguales: él tiene los ojos azules, yo tengo uno marrón y el otro a su lado; él es negro, yo me veo bien vestido de negro, él tiene una concha de huevo en la cabeza, yo tengo cabeza de bueno en muchas cosas somos similares, pero actitudinalmente.

Sus amigos y rivales son casos especiales. Los míos también, aunque jamás he entendido porqué tengo rivales sí no soy un peligro para nadie, soy adorable. Sus padres al principio no lo querían y luego, sí; mis padres siempre me han querido y ahora mucho más me quieren lejos de la casa.

Lo que nos diferencia es que él tiene novia y yo nunca he tenido. Entonces soy más desafortunado que él y eso me hace un ganador perdiendo. Eso es reconfortante de una manera muy triste. Cosas que no entienden los que creen ser positivos y confunden la realidad con el negativismo.

Los Calimero no esperamos ni queremos que nos ocurran o digan cosas malas; simplemente ocurren y uno llega a aburrirse y no les para, las transmuta. De allí salen habilidades poco ortodoxas que te hacen ver la vida de otra manera; los psicólogos te quitan ello y por eso mancan la creatividad.

La nubecita negra por encima del cascarón no es precisamente un diluvio en el alma, es un tapasol que te hace tener la mente fresca. Como dice Calimero (el primero a color) y me suscribo para finalizar, “es que nadie me quiere, nadie me comprende” (salen los que dicen que no es verdad en 3...2..1..).

Lcdo. ARGENIS SERRANO
@Humoristech
Maracay – Aragua – Venezuela (mi Padua propia, copia del lugar de nacimiento de Calimero).

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