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Norteamericanos, ¿le temen a la oscuridad?

NORTEAMERICANOS, ¿LE TEMEN A LA OSCURANDAD?

La oscuridad es asociada con lo negro y lo negro con racismo por gente con oscuras intenciones de sentirse inferiores con el negro color, que da mi ilusión y que es un símbolo de amor. De tal debilidad quizás es que parte el miedo, sumado a lo que ya arrastran muchos en su ser histórico, en especial los norteamericanos, a saber:

Desde niños les infunden el miedo al “Coco” (Boogey man), que está debajo de su cama o en el armario y por eso comienzan a transitar una vida de terror a la oscuridad y muchos otros el miedo a salir del clóset en el cual ya muchos otros se dieron cuenta que viven.

Vean a la niña Boo (su paisana), de Monsters Inc., que no tuvo miedo a nada y enfrentó con su inocencia a la oscuridad y a los monstruos. Muchos adultos cargan tantas malas mañas encima que en lo más frugal como lo es un apagón, se desmoronan. Eso, por lo menos, es lo que demuestran los norteamericanos en sus películas y también en su vida real.

El 11 de septiembre de 2001 es francamente una fecha histórica muy triste y que marcó la vida de una nación y de gracioso, nada tiene. Pero seguir enfocándose en los miedos tampoco levanta la moral de los ciudadanos. Cosas tan absurdas (que detalla el comediante mexicano Gon Curiel) como preguntarle a los viajeros, ¿usted viene a cometer actos terroristas al país?, algo a lo que nadie va a responder “sí”, más sí plena de miedo, no sólo a la oscuridad, sino a la luz.

Desde el apagón del 77 en Nueva York, mismo que el agente K de los “Hombres de Negro” aduce a una esfera lumínica que rebota, hasta el “Estado de Sitio” de Locademia de Policía 6, los apagones han demostrado el desconchiflamiento de una sociedad automatizada, tranquila, que ve en las fallas de energía un evento inusual y casi que ni permitido.

En películas como “Duro de Matar” o “Terremoto”, en el que se corta la energía eléctrica o “Superman Returns”, donde hay una interrupción electromagnética que desmorona a la sociedad, siempre se nota a la embarazada que da a luz en un ascensor, el policía de color (no dije negro para no crear más polémica), que cae en estado de shock, casi que fibrilando y sudando la manteca porque no hay electricidad, mientras pela los ojos y pide ayuda porque no tiene el teléfono con batería suficiente para pedir una hamburguesa.

Lloran, gritan, entran en pánico, esperan por la sirena de alerta roja, entran en la habitación del pánico o se cantan el “Amazing Grace” y se les olvida el ateísmo. Todo porque la corriente eléctrica se cortó unos minutos o un par de horas. Como que no pueden continuar sus vidas.

Señoras y señores estadounidenses, con copia a sus jóvenes e infancia y personas de la tercera edad. Les cuento que en Venezuela la energía eléctrica es racionada por horas debido a que no sembramos el petróleo, mucho menos la energía eléctrica y las alternativas. Aquí se siembran expendientes, drogas y falsos, además del cambur, el que ustedes llaman banana y que es muy rico. Y con su concha, se sigue resbalando nuestra historia productiva.

Y aunque nos da mucho coraje por no decir rabia a los Bruce Banner, con cada corte nos vamos ajustando sin aterrarnos, le vamos agarrando la caída sin que ello sea resignación o costumbre (¿quién se acostumbra a eso?), porque no estamos en el Siglo XVII. Pero ponernos a llorar como sí nos hubiesen dado una mala noticia durmiendo o se nos cayó un ladrillo en un callo, eso sí que no.

No somos un país ni de machitos ni de machitas…bueno, sí, pero no para darnos de la gran cosa con la valentía. Sabemos que la oscuridad no es la que da miedo, pero a los seres que respiran (para no decirles humanos), sí. Los asaltantes y sus derivados; los que no prenden los faros de sus carros; los que salen sin celular y chocan con alguien y no se disculpan ni los levantan del suelo aún luego de pisarlos varias veces porque no ven lo que hacen, a esos sí les tememos.

Pero una falla eléctrica no es para ponerse a llorar, es para ponerse a pensar y a aportar, tanto en el cuidado en el hogar como propulsar a los responsables a que sean responsables de verdad o los propulsamos de una patada.

Ustedes tienen héroes a montón y siguen así de chillones; que aprendan a los de Venezuela, los que operan sin electricidad, atacan al hampa a oscuras, dirigen el tráfico entre tanto abusador al volante y quienes guardan batería del celular para enviarle un mensaje a su cuaima (novia/esposa) para que no les rompa la jeta.

Norteamericanos, sean más como nosotros o traten de ser menos alzados ni quieran más oscuridad de la que sí duela (la del alma), con Donald Trump como su líder; les falta mucho para quitarse el miedo, para ello les dejo un verso de uno de los sones del Tamunangue, ritmo tradicional de nuestro Estado Lara, la canción se llama “La Batalla” y el versito que les entrenará, dice así: “Dicen que lo negro es feo, yo digo que no es verdad, porque los mejores besos, se dan en la oscuridad”.

Lcdo. ARGENIS R. GARNICA S.
Twitter e Instagram: @Humoristech
Maracay, Aragua, Venezuela.

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