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Reclamo de una Moto

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No eres una mala persona -o eso quiero creer- pero parece que así como quien agarra dinero o le dan un nuevo cargo, cuando te montas en mí, tu moto, te vuelves loco y es por ti que a mí y a mis hermanas motos de todo tipo, a quienes nos culpan de todos los males que surgen en el tránsito en las calles, aceras, caminos, escaleras, ascensores y en cualquier lugar en el que anárquicamente, quieres entrar a juro, arrastrándome contigo.

Y es que no quiero decir que estés lleno/a de maldad, pero de que tienes bastante y es soterrada porque me usas como medio de transporte y sustento y diversión y acoso, la tienes.

Comienza por cómo vistes al manejarme: En chancletas o descalzo, o en tacones que no manejas bien al caminar. Con ropa ancha que se puede atorar y sin casco porque dices que te molesta oler tu propio aliento; yo, tu moto, tengo que decirte que el casco no deja que te entre ni salga la inteligencia.

Y, cuando las circunstancias así te obligan, buscas ese casco chiquito viejo que está prohibido por las leyes porque de lo único de lo que protege, es de las cagadas de palomas, más nada. Y tu rebeldía siempre se acaba con un golpe que te llevas tú y me das a mí, pero por el cual tú y los demás, me ponen de culpable.

Ir en sentido contrario en una calle es tu fascinación y casi nunca la gente que insulta se refiere al conductor, sino a la moto. Yo pago tus ganas de hacer lo que te sale del forro de mí asiento y del tuyo. Y es en esas ocasiones -que son muchas- en las que vas en sentido contrario o por la izquierda de los vehículos (lo que está prohibido, pero hasta los dueños de motos policiales también hacen), es que terminan hiriendo, desviviendo o asustando gente.

Luego lloras porque te sale prisión o pagar multa y me culpas a mí y dices que fui una mala decisión de compra, jamás dices que fue mala decisión construir tus propios caminos por donde quieres y no debes o, que más que motorizado, eres un brutorizado.

Tienes a tus pasajeros como bolsas de aire, sean amigos, familiares o clientes, ya que de vez en cuando usufructúas mis funciones para contigo, desplazando a gente a la que le cobras y no me complaces ni con un cariñito, especialmente luego de cargar a varios pasajeros pesados o varios garrafones llenos de agua y/o sacos de cemento.

Más bien ante cualquier falla me quitas una pieza, desnudándome de a poco para después quejarte de que ya no te doy velocidad ni eficiencia, ¿Por qué no te quitas unos órganos y ves sí vas a tener la misma habilidad de antes?

Me haces quedar mal ante las motos de los moteros o harlistas (dueños de Harley Davison original o similar); no me mejoras, cuidas ni me llevas a pasear para yo disfrutar del paisaje así como de llevarte plácidamente como en una postal. Todo es correr, abusar o subir la adrenalina (lo que yo llamo, casi matarnos ambos por no dejar).

No todas las habilidades que crees que tengo, las tengo, dueño mío. Eso de ir grandes trechos en una sola rueda, hacer piruetas, saltar sobre los policías acostados, soportar el paso por zanjas a 90 kph sin romperme o aguantar hasta donde tengo estampado el nombre una calle inundada, no son cosas que vivieran en mí construcción, garantía o ganas de serte útil. ¡Ya por favor deja de hacer todo eso!

Estoy asociado al mal, pero el mal, me conduce; eres malo cuando manejas y víctima falsa cuando te toca ser peatón porque me llevaste al taller por daños que pudieron ser evitados sí no me manejaras como sí tuviese garantía de por vida por el fabricante.

Cada vez que dicen “siempre que hay un accidente vial, hay una moto involucrada”, me avergüenza porque se van contra el aparato que no se puede mover por sí mismo. Todo es culpa de quien nos maneja, así que todo lo malo que hay en mí, está más bien sobre mí: tú.

No es que eres villano, es que sacas tu verdadera esencia o imitan una falsa defensa para que otros motorizados erráticos y desquiciados no te juzguen, convirtiéndome a mí, una pesada y rápida extensión de metal y goma de tu cuerpo, en un arma intimidatoria perteneciente a una supuesta raza que quiere colonizar las calles y las aceras.

Quisiera haber nacido una moto de esas finas, grandes, que sorprenden por su estética, belleza y que en conjunto a sus hermanas similares, son todo un gusto poder verle. No la moto sutil y útil que soy, ya que soy vejada por un chofer bastante inconsciente conmigo y con todos, que cree que manejar es un derecho, cuando es un privilegio.

La mala fama que tengo me ha llevado no sólo a sanciones, depósitos y reclamos de tu parte porque te detuvieron para multarte y hacerte escuchar a un funcionario burocrático darte una charla que no entendiste porque seguías con el casco puesto.

Ahora hay gente en las esquinas -con disfraces y/u objetos ridículos y humillantes- que me golpean y obligan a retroceder, sólo porque tú deliberadamente te atravesaste en el cruce peatonal ya que no te dio chance de comerte la luz amarilla o la roja y causar ese accidente que sueñas, para estrenar unas muletas y un yeso que ya tienes en casa como trofeos por tu conducción.

El día que ya yo no sea tu moto, ese día estaré en paz, aunque sí me quedará el resquemor de que compres otra moto y le hagas similares o mayores horrores de los que has hecho conmigo.

@Humoristech 

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