Una vez vi una película
con Lee Majors (El Hombre Nuclear), llamada “Acero”, donde mostraban cómo se
construía un rascacielos y los riesgos que había, los cuales han disminuido
porque obligan a los albañiles a vestirse y calzarse, además de no ver hacia
abajo ni comer mondongo en el almuerzo.
Por eso es que la tasa de
edificios altos en La India es más baja, ya que allá se debe practicar la
albañilería descalzo y con una toalla en cualquier parte del cuerpo, menos
cubriendo el pecho, porque el exhibicionismo es la piedra angular de la
industria de la construcción.
Lo cierto es que los
rascacielos son maravillas arquitectónicas que pueden ponerle los pelos de
punta a un calvo o quitarle lo estítico a quienes no toman mucha agua y por
ello se les seca el recto. Esté en construcción o construido, de arriba hacia
abajo y de abajo hacia arriba, llegan a impresionar al más seco.
La Gran Manzana en
Estados Unidos es la que posee más rascacielos. Más de un Tour privado en Nueva York se enfoca en mostrar las más hermosas e impresionantes torres y
qué es lo que se puede ver desde ellas, haciéndole subir por uno o varios
ascensores que, sí siguen los demócratas mandando, próximamente cobrarán pasaje.
Échenle pierna no más de
que al Hombre Araña (Spiderman para nosotros sus vecinos), vigila a toda la
ciudad desde el Chrysler Building o el Empire State Building o
simplemente va a llorar, meditar, relajarse o a comer comida de pobre, porque todo
lo que gana se lo gasta en telarañas.
Aunque en nuestros países
existan edificios de 24 pisos con ascensores veloces, siempre Nueva York y las
Torres Petronas de Malasia van a ser las más padrotes. Lo más impresionante es
que en esos edificios jamás se escucha que no les llegó agua a los de arriba o
que tienen que bajar por las escalera esos chorrocientos pisos porque la junta
de condominio no pudo recabar para arreglar el ascensor. Los rascacielos,
funcionan.
A propósito, el nombre
rascacielos proviene a que -supuestamente- se pueden ver algunas formaciones nubosas
desde los pisos superiores, que incluso pueden ver a la ionosfera (ya esto debe
ser que no es llega bien el oxígeno al cerebro) y que los que tienen apartamento
en pisos superiores o pent house, son los que se encargan de hacerle cosquillas
a las nubes para que llueva.
Son tan enormes que al
mismo King Kong le tomó un rato treparse a uno de ellos. Más rápido bajó pero
ya por cuestiones de la física (peso muerto).
Contemplar a toda una
ciudad, desde lo más hermoso y sublime, como parques, lagos, calles decoradas,
desfiles o rompimientos de parejas que te caen mal, es más hermoso verlo de
primera mano desde un edificio. Incluso puedes ver los parques de béisbol u
otros deportes con unos binoculares y crear tus propias narraciones.
A propósito de
binoculares, aunque estés en un piso muy alto, cierra las ventanas o pon
persianas o desvístete detrás de una pared; estratégicamente se puede ver a
gran distancia desde un rascacielos.
Para quienes vivimos en
casa de dos pisos y que nos podemos trepar por la ventana al techo, el mundo
queda bajito. Tanto que cuando vemos hacia abajo y creemos que la gente se ve
como hormiguitas, realmente son hormiguitas. Eso es frustrante.
Lo malo de los rascacielos
es que hay gente que vive como dos piojos en una persona cabezona y de pelo
largo: No se conocen; y eso es lo árido. Por eso se les recomienda salir a
interactuar, para que se llenen de vida (además, su presencia ante otras
personas, funciona como fe de vida).
Desconozco sí los
rascacielos son una solución habitacional, meter muchísima gente en un mismo
lugar para aprovechar el espacio. Pero ya lo que está hecho es bueno para
admirarse y disfrutarse al máximo, especialmente, sí pudo pagarse.
Vivir por todo lo alto,
tiene a los rascacielos como protagonistas. Hasta pasear dentro de ellos es ver
cómo se comporta el mundo en un lugar que consideran seguro. Y, por seguro,
mejor no te metas en donde no estás permitido, ya que tendrás que bajar muchos
pisos a toda carrera y hay vecinos prestos a interceptar entrometidos, porque
es uno de las pocas actividades vecinales que se pueden realizar en conjunto,
ya que en los rascacielos no hay área para hacer parrillas, paella ni carne en
vara o mondongo los domingos, para comer allí o para llevar.

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