En este
blog no decimos groserías, porque estamos en un nivel social más alto que
cualquier corre por el suelo; pero debemos decir la grosera expresión “marico”
para poder criticarla, ya que en ocasiones hay que bajar al infierno para caernos
a trancazos con el propio diablo en su casa, con el propósito de lograr el
bien.
Tampoco
somos capaces de falsear la verdad. La exageramos, desdibujamos, le ponemos sal
y pimienta al gusto, la desguañingamos hasta sacarle el jugo y la mostramos de
manera más digestiva, pero nunca la falseamos. Sí pensaron que iba a decir el
chiste del abuelo Simpson, dese por engañado.
Volviendo
a lo que les decía, esa expresión de “marico” que tienen adultos ancianos,
adultos maduros, adultos recientes, cuasi adultos, adolescentes, niños y las
primeras palabras de los bebés, pasó de un recurso para preguntar (¿Tú eres
marico o te la das?), a un trato familiar.
Sí tú
tienes un marico en tu familia, pues bien por ti, pero en la mía no sé si hay y,
de haber, te juro que no soy yo. Así que mejor es que no te expreses así
conmigo porque, sí los que son maricos no les gusta que les digan maricos,
entonces yo, que no soy marico, ¿Cómo sí debo tolerar que me digas marico, sí
no soy marico?, ¡Ay que ser muy marico para dejar decirse así!
La comprensión
Como
ahora hay que ser tolerante con lo que molesta, incomoda y ofende porque sí no
una mayoría que cree saber todo de la vida de los demás se molesta, incomoda y
ofende, pues vamos a aceptar que el léxico, socialización y la dotación de
entendimiento que belcebú y los panfletos marxistas y videos de TikTok les han brindado,
les conminan a creer que en una oración de 14 palabras, siete sea decirle
marico a tu interlocutor, tiene un propósito.
Sí,
lo tiene, porque quien demuestra su pobreza de lenguaje diciéndole a la
contraparte “marico” más de tres veces, más que demostrar que jamás ha abierto
un diccionario, no consulta Google, le teme a ChatGPT y cree que la igualdad es
lanzarse a un barranco expresivo, esa ¿persona?, lo que quieres es convivir con
un marico.
Antes
de proseguir, definamos marico: El que presta el sombrero, a la mujer, cree que
el voto es una competencia grupal, le da la contraseña a todo el que vive cerca, le visita o simplemente no le coloca contraseña a su WiFi o quienes van al matrimonio de su ex. Lo de
entrar en los demás grupos formados del gusto humano y no de Dios y la
biología, ya queda en la conciencia de cada quien.
Retomando,
ese que le dice marico a su amigo, al mecánico que lo llamó o al vendedor de
computadoras que quiere convencer de que le ayude a bajar el precio del equipo,
simplemente quiere convivir con un marico que le haga feliz y no le permita
surgir intelectualmente.
Quieren
envolver a todos en la palabrita que ya se convirtió en santo y seña de los
venezolanos en el exterior junto al “mamagüevo”, echando por tierra a las
Misses, el Petróleo y el Béisbol como referentes nacionales.
Los que,
por pena o para fingir educación cambian el “marico” por “chico”, también corren
en ese lote de disminución intelectual que parece que ahora debemos celebrar so
pena de que nos metan presos, nos castiguen en las redes sociales, nos hackeen
o nos dediquen el cumpleaños feliz con tambores y vallenato.
En fin,
esta hipótesis que parece tesis o una idea vaga o un llamado de auxilio, es lo
más similar al motivo de por qué hombres y mujeres (las que se dicen maricas o comienza
un video diciendo “marica yo no entiendo…”, cosa que es evidente porque sí te
expresas así, el entender no es tu fuerte), van espetando esta palabrita tantas
veces que ya le están quitando el dictamen de grosería y lo están convirtiendo
en sinónimo de amistad.
No pareciera
nada más que las malas leyes, las cadenas de mando, las fallas en los servicios
públicos sean lo que no están acercando a la Edad Media, ya que estamos
avanzando en sentido contrario. También está en el cómo nos expresamos. Y lo digo
porque sí no le dices un “marico/a” o “chico/a” a alguien, más que estar fuera
de onda, estás siendo ofensivo, discriminador e hiriente.
Peor
sí les dices señora o dama o caballero – señor. Allí sí les ofendiste porque -dixit-
estás haciéndoles no ser lo que quieren ser (Barbie, no te supiste explicar) o
les estás aumentando la edad -pecado-.
Allí
sí, quien tenga conciencia y sepa que todo se está desmoronando y se nota en el
uso del castellano y de las normas de cortesía, preguntaría tal cual como se
dice apropiadamente en los llanos venezolanos, ¿Qué es esta mariquera?
NOTA:
Y no se quejen del trato con esa palabra u otras, porque los revientan en redes
sociales diciendo que ustedes se creen más, cuando la realidad es que en el
expresar y sentir, nos estamos haciendo menos.
NOTA
2: Yo también la digo, pero cuando es apropiado y certero. Las groserías son
como el dinero, nunca se debe malgastar ni darse a quien no lo merece.




