Soy Feliz con los Cortes Eléctricos

cortes eléctricos

Quizá sea odiado -pero menos de lo que son despreciados quienes bajan los switch- por quienes se molestan por todo en este país; pero eso no me quitará el que sea feliz con los cortes eléctricos.

¿Acaso no entienden de que estamos haciendo historia viva?, recreando a la Edad Media, La Colonia, Las Cruzadas y la Invasión Extraterrestre por parte de los seres esos que comían pájaros y ratones así como los chinos o gansos a su comida: sin masticar.

Sabemos cómo resistían nuestros antepasados, sin su limitación de que la esperanza de vida sea entre 35 a 48 años. Vivimos más, en agonía e incomodidad, pero más; y eso se agradece con una sonrisa.

Imaginar que las parejas que van furtivamente a los moteles, deban salirse frustradas porque no hay energía eléctrica y eso les crea un cuarto oscuro y caluroso, me contenta. Y ni siquiera quienes me dicen “pero en los moteles hay generadores eléctricos, así que pueden seguir”, me llegan a robar mi alegría de ver a los demás frustrados por los cortes eléctricos.

En siglos pasados, no existían el hielo ni los helados y la gente sobrevivía. ¿Me voy a hacer yo mala sangre porque no puedo comerme un helado?; más bien debo aplaudir a quienes cortan la electricidad por más de seis horas, que nos alejan de ese postre y nos acercan más al pimentón relleno o la concha de piña para quitarnos el calor.

El placer de ver a la anarquía en su máxima expresión, conocidas como: conductores pasando por intersecciones con semáforos apagados, se me hizo un delirante éxtasis que me emociona y hace reír mucho. La anarquía y el “yo paso primero” junto con el “apártense desgraciados” y el inútil toque de corneta cuando hay un montón de carros chocados gracias a que un motorizado estaba revisando su WhatsApp en el teléfono instalado en el manubrio, resulta más gracioso que una función gratuita del Circo Los Valentinos.

Escuchar cantar a los generadores, no al unísono pero haciendo un canon deprimente, estimula nuevas creaciones musicales que -irónicamente- resultan mejor que cualquier vallenato, reguetón o canción de Ricardo Arjona o Romeo Santos. Al ambiente lo dañan esos desconsiderados con cornetas recargables, pero también me alegra cuando se les descargan, y que los muy condenados no saben silbar o tararear, así que terminan aburridos.

Padecer calores es un acto menor, incluso puedo asegurarles que no son culpa de los cortes eléctricos, sino de nosotros, que no construimos las casas altas, con huecos de luz y con árboles cerca, como era en los tiempos de Simón Bolívar. No hay ni un documento histórico que hable de que la gente en ese tiempo tenía calor, incluso usaban como 4 kilos de ropa encima más la peluca. Así que no es la falta de electricidad la que nos dan soponcios, sino las estructuras. Y me alegra haberme dado cuenta, ya por eso abrí huecos en la pared.

Estamos claros que el peor dolor de la gente al haber un corte eléctrico es no tener señal de internet fija o móvil, por eso es que se quejan. Lo del calor y no poder hacer batidos es casi que terciario o más bien, quintario. Es el no poder enterarse que en otros lados también cortaron la electricidad y no poder consolarse con el sufrimiento de otros, lo que les molesta.

Por mí parte, estoy claro de que en alguna parte se encuentra mí alma gemela, refiriéndome a miles de personas sin electricidad como yo, o antes de mí o después de mí. Eso, además de mantenernos en igualdad, me hace parte de un conglomerado y por lo tanto no tengo excusas para decir que me siento solo, lo que me hace feliz.

En los cortes eléctricos salimos a socializar y a enterarnos cara a cara de lo que está sucediendo. ¿Me van a decir que eso es negativo?, nos están alejando de las pantallas y acercándonos como sociedad por unas horas al día. Que haya que sacrificar frescura, trabajo y mente para conocer los chismes del barrio, me parece un precio muy bajo.

Culmino refrendando que estoy feliz con los cortes eléctricos y los espero a cada instante, todos los días. Esta felicidad -creía yo- me surgió al entender que la resignación es la única salvación que nos queda y que debemos aceptar esto que nos sucede y que durará años.

La realidad es que me surgió porque nadie se debe quejar de los cortes eléctricos, so pena de que les sucedan cosas malas, ya que la orden es ahorrar energía, pero como no hay mucha electricidad para economizar, entonces nos exigen que nos ahorremos nuestras quejas o comentarios en contra de los cortes eléctricos, so pena de que nos bajen la palanca y que la única luz que veamos, sea la perpetua.

@Humoristech 

¿Qué 20 Años No Es Nada?

20 años

En 20 años pasé de un gobierno malo a otro peor y siguen allí, mandando, pero tutelados.

Pasé de la presencia de un padre estricto pero justo y gracioso, a que me faltara.

En ese lapso de tiempo, he estado con una madre consciente, consecuente y brillante y como cualquiera, quiero que me siga rodeando.

Fui de tener montones de amigos presentes, a verles por WhatsApp, Facebook o Instagram o recordarle en mis oraciones.

Pasé de tener esperanzas en el amor a perderlas totalmente, sin hacerme gay (tampoco es para tanto).

He ido viendo al mal mutando en un fino vestido de justicia social, pero siempre se le ve lo podrido.

He lidiado con los sonsos, creídos, hostiles e ilegales, fingiendo que me derrotan, pero al final, viéndoles caer mientras me como unos tostones con refresco.

En 20 años he acumulado el suficiente dinero para decir con holgura que no tengo dónde caerme muerto.

Comencé con un blog y ya tengo 8 más otros que coordino.

Eso es solamente parte de los 20 años en que el Blog de Humoristech sin CIA y su derivado, Humoristech sin CIA Recargado, surgido para solventar un bloqueo de Adsense y dos intentos de hackeo (como si yo tuviese dinero), he hecho, además de seguir aprendiendo en todo ámbito.

Porque entre tristeza y tristeza, absurdo y absurdo, susto y susto, intriga e intriga, aburrimiento y aburrimiento, siempre hay algo gracioso qué contar o contar lo no gracioso de manera graciosa, sarcástica e irónica para hacerla más digestiva.

En tiempos de Inteligencia Artificial, la inteligencia natural se ve más comprometida y encerrada; y yo, aquí, le permito salir, como en la vida cotidiana.

¡GRACIAS A QUIENES ME LEEN… Y GRACIAS A QUIENES TODA VÍA LEEN!, sus mentes no son sosas y son el bastión necesario para que la simplicidad no nos haga más simple, sino que nos motive a darle salero y sazón a nuestras existencias.

Este 14 de septiembre de 2026, el blog de Humoristech sin CIA cumple 20 años lo que lo convierte en el blog particular venezolano de temática humorística más longevo del país. ¿Qué 20 Años No Es Nada?, pues para mí han sido 240 meses escribiendo en un blog de humor para dejar un legado al mundo desde mí corazón y que muchísimas satisfacciones me ha dado.

Que el HUMOR Y PAZ nos sigan acompañando, nos necesitamos para ver cómo avanzan y terminan los cambios que le quitan la monotonía de la maldad al país y nos permiten ver al humor en su máximo esplendor, porque una sonrisa libre, es síntoma de BUEN HUMOR.

20 años

Argenis Garnica Serrano - @Humoristech 

Rascacielos: Para Mirar al Mundo (como Chismosas)

Una vez vi una película con Lee Majors (El Hombre Nuclear), llamada “Acero”, donde mostraban cómo se construía un rascacielos y los riesgos que había, los cuales han disminuido porque obligan a los albañiles a vestirse y calzarse, además de no ver hacia abajo ni comer mondongo en el almuerzo.

Por eso es que la tasa de edificios altos en La India es más baja, ya que allá se debe practicar la albañilería descalzo y con una toalla en cualquier parte del cuerpo, menos cubriendo el pecho, porque el exhibicionismo es la piedra angular de la industria de la construcción.

Lo cierto es que los rascacielos son maravillas arquitectónicas que pueden ponerle los pelos de punta a un calvo o quitarle lo estítico a quienes no toman mucha agua y por ello se les seca el recto. Esté en construcción o construido, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, llegan a impresionar al más seco.

La Gran Manzana en Estados Unidos es la que posee más rascacielos. Más de un Tour privado en Nueva York se enfoca en mostrar las más hermosas e impresionantes torres y qué es lo que se puede ver desde ellas, haciéndole subir por uno o varios ascensores que, sí siguen los demócratas mandando, próximamente cobrarán pasaje.

Échenle pierna no más de que al Hombre Araña (Spiderman para nosotros sus vecinos), vigila a toda la ciudad desde el Chrysler Building o el Empire State Building o simplemente va a llorar, meditar, relajarse o a comer comida de pobre, porque todo lo que gana se lo gasta en telarañas.

rascacielos

Aunque en nuestros países existan edificios de 24 pisos con ascensores veloces, siempre Nueva York y las Torres Petronas de Malasia van a ser las más padrotes. Lo más impresionante es que en esos edificios jamás se escucha que no les llegó agua a los de arriba o que tienen que bajar por las escalera esos chorrocientos pisos porque la junta de condominio no pudo recabar para arreglar el ascensor. Los rascacielos, funcionan.

A propósito, el nombre rascacielos proviene a que -supuestamente- se pueden ver algunas formaciones nubosas desde los pisos superiores, que incluso pueden ver a la ionosfera (ya esto debe ser que no es llega bien el oxígeno al cerebro) y que los que tienen apartamento en pisos superiores o pent house, son los que se encargan de hacerle cosquillas a las nubes para que llueva.

Son tan enormes que al mismo King Kong le tomó un rato treparse a uno de ellos. Más rápido bajó pero ya por cuestiones de la física (peso muerto).

Contemplar a toda una ciudad, desde lo más hermoso y sublime, como parques, lagos, calles decoradas, desfiles o rompimientos de parejas que te caen mal, es más hermoso verlo de primera mano desde un edificio. Incluso puedes ver los parques de béisbol u otros deportes con unos binoculares y crear tus propias narraciones.

A propósito de binoculares, aunque estés en un piso muy alto, cierra las ventanas o pon persianas o desvístete detrás de una pared; estratégicamente se puede ver a gran distancia desde un rascacielos.

Para quienes vivimos en casa de dos pisos y que nos podemos trepar por la ventana al techo, el mundo queda bajito. Tanto que cuando vemos hacia abajo y creemos que la gente se ve como hormiguitas, realmente son hormiguitas. Eso es frustrante.

Lo malo de los rascacielos es que hay gente que vive como dos piojos en una persona cabezona y de pelo largo: No se conocen; y eso es lo árido. Por eso se les recomienda salir a interactuar, para que se llenen de vida (además, su presencia ante otras personas, funciona como fe de vida).

Desconozco sí los rascacielos son una solución habitacional, meter muchísima gente en un mismo lugar para aprovechar el espacio. Pero ya lo que está hecho es bueno para admirarse y disfrutarse al máximo, especialmente, sí pudo pagarse.

Vivir por todo lo alto, tiene a los rascacielos como protagonistas. Hasta pasear dentro de ellos es ver cómo se comporta el mundo en un lugar que consideran seguro. Y, por seguro, mejor no te metas en donde no estás permitido, ya que tendrás que bajar muchos pisos a toda carrera y hay vecinos prestos a interceptar entrometidos, porque es uno de las pocas actividades vecinales que se pueden realizar en conjunto, ya que en los rascacielos no hay área para hacer parrillas, paella ni carne en vara o mondongo los domingos, para comer allí o para llevar.

@Humoristech 

Reclamo de una Moto

moto

No eres una mala persona -o eso quiero creer- pero parece que así como quien agarra dinero o le dan un nuevo cargo, cuando te montas en mí, tu moto, te vuelves loco y es por ti que a mí y a mis hermanas motos de todo tipo, a quienes nos culpan de todos los males que surgen en el tránsito en las calles, aceras, caminos, escaleras, ascensores y en cualquier lugar en el que anárquicamente, quieres entrar a juro, arrastrándome contigo.

Y es que no quiero decir que estés lleno/a de maldad, pero de que tienes bastante y es soterrada porque me usas como medio de transporte y sustento y diversión y acoso, la tienes.

Comienza por cómo vistes al manejarme: En chancletas o descalzo, o en tacones que no manejas bien al caminar. Con ropa ancha que se puede atorar y sin casco porque dices que te molesta oler tu propio aliento; yo, tu moto, tengo que decirte que el casco no deja que te entre ni salga la inteligencia.

Y, cuando las circunstancias así te obligan, buscas ese casco chiquito viejo que está prohibido por las leyes porque de lo único de lo que protege, es de las cagadas de palomas, más nada. Y tu rebeldía siempre se acaba con un golpe que te llevas tú y me das a mí, pero por el cual tú y los demás, me ponen de culpable.

Ir en sentido contrario en una calle es tu fascinación y casi nunca la gente que insulta se refiere al conductor, sino a la moto. Yo pago tus ganas de hacer lo que te sale del forro de mí asiento y del tuyo. Y es en esas ocasiones -que son muchas- en las que vas en sentido contrario o por la izquierda de los vehículos (lo que está prohibido, pero hasta los dueños de motos policiales también hacen), es que terminan hiriendo, desviviendo o asustando gente.

Luego lloras porque te sale prisión o pagar multa y me culpas a mí y dices que fui una mala decisión de compra, jamás dices que fue mala decisión construir tus propios caminos por donde quieres y no debes o, que más que motorizado, eres un brutorizado.

Tienes a tus pasajeros como bolsas de aire, sean amigos, familiares o clientes, ya que de vez en cuando usufructúas mis funciones para contigo, desplazando a gente a la que le cobras y no me complaces ni con un cariñito, especialmente luego de cargar a varios pasajeros pesados o varios garrafones llenos de agua y/o sacos de cemento.

Más bien ante cualquier falla me quitas una pieza, desnudándome de a poco para después quejarte de que ya no te doy velocidad ni eficiencia, ¿Por qué no te quitas unos órganos y ves sí vas a tener la misma habilidad de antes?

Me haces quedar mal ante las motos de los moteros o harlistas (dueños de Harley Davison original o similar); no me mejoras, cuidas ni me llevas a pasear para yo disfrutar del paisaje así como de llevarte plácidamente como en una postal. Todo es correr, abusar o subir la adrenalina (lo que yo llamo, casi matarnos ambos por no dejar).

No todas las habilidades que crees que tengo, las tengo, dueño mío. Eso de ir grandes trechos en una sola rueda, hacer piruetas, saltar sobre los policías acostados, soportar el paso por zanjas a 90 kph sin romperme o aguantar hasta donde tengo estampado el nombre una calle inundada, no son cosas que vivieran en mí construcción, garantía o ganas de serte útil. ¡Ya por favor deja de hacer todo eso!

Estoy asociado al mal, pero el mal, me conduce; eres malo cuando manejas y víctima falsa cuando te toca ser peatón porque me llevaste al taller por daños que pudieron ser evitados sí no me manejaras como sí tuviese garantía de por vida por el fabricante.

Cada vez que dicen “siempre que hay un accidente vial, hay una moto involucrada”, me avergüenza porque se van contra el aparato que no se puede mover por sí mismo. Todo es culpa de quien nos maneja, así que todo lo malo que hay en mí, está más bien sobre mí: tú.

No es que eres villano, es que sacas tu verdadera esencia o imitan una falsa defensa para que otros motorizados erráticos y desquiciados no te juzguen, convirtiéndome a mí, una pesada y rápida extensión de metal y goma de tu cuerpo, en un arma intimidatoria perteneciente a una supuesta raza que quiere colonizar las calles y las aceras.

Quisiera haber nacido una moto de esas finas, grandes, que sorprenden por su estética, belleza y que en conjunto a sus hermanas similares, son todo un gusto poder verle. No la moto sutil y útil que soy, ya que soy vejada por un chofer bastante inconsciente conmigo y con todos, que cree que manejar es un derecho, cuando es un privilegio.

La mala fama que tengo me ha llevado no sólo a sanciones, depósitos y reclamos de tu parte porque te detuvieron para multarte y hacerte escuchar a un funcionario burocrático darte una charla que no entendiste porque seguías con el casco puesto.

Ahora hay gente en las esquinas -con disfraces y/u objetos ridículos y humillantes- que me golpean y obligan a retroceder, sólo porque tú deliberadamente te atravesaste en el cruce peatonal ya que no te dio chance de comerte la luz amarilla o la roja y causar ese accidente que sueñas, para estrenar unas muletas y un yeso que ya tienes en casa como trofeos por tu conducción.

El día que ya yo no sea tu moto, ese día estaré en paz, aunque sí me quedará el resquemor de que compres otra moto y le hagas similares o mayores horrores de los que has hecho conmigo.

@Humoristech 

Con el Marico en la Boca

En este blog no decimos groserías, porque estamos en un nivel social más alto que cualquier corre por el suelo; pero debemos decir la grosera expresión “marico” para poder criticarla, ya que en ocasiones hay que bajar al infierno para caernos a trancazos con el propio diablo en su casa, con el propósito de lograr el bien.

Tampoco somos capaces de falsear la verdad. La exageramos, desdibujamos, le ponemos sal y pimienta al gusto, la desguañingamos hasta sacarle el jugo y la mostramos de manera más digestiva, pero nunca la falseamos. Sí pensaron que iba a decir el chiste del abuelo Simpson, dese por engañado.

Volviendo a lo que les decía, esa expresión de “marico” que tienen adultos ancianos, adultos maduros, adultos recientes, cuasi adultos, adolescentes, niños y las primeras palabras de los bebés, pasó de un recurso para preguntar (¿Tú eres marico o te la das?), a un trato familiar.

Sí tú tienes un marico en tu familia, pues bien por ti, pero en la mía no sé si hay y, de haber, te juro que no soy yo. Así que mejor es que no te expreses así conmigo porque, sí los que son maricos no les gusta que les digan maricos, entonces yo, que no soy marico, ¿Cómo sí debo tolerar que me digas marico, sí no soy marico?, ¡Ay que ser muy marico para dejar decirse así!

marico
 

La comprensión

Como ahora hay que ser tolerante con lo que molesta, incomoda y ofende porque sí no una mayoría que cree saber todo de la vida de los demás se molesta, incomoda y ofende, pues vamos a aceptar que el léxico, socialización y la dotación de entendimiento que belcebú y los panfletos marxistas y videos de TikTok les han brindado, les conminan a creer que en una oración de 14 palabras, siete sea decirle marico a tu interlocutor, tiene un propósito.

Sí, lo tiene, porque quien demuestra su pobreza de lenguaje diciéndole a la contraparte “marico” más de tres veces, más que demostrar que jamás ha abierto un diccionario, no consulta Google, le teme a ChatGPT y cree que la igualdad es lanzarse a un barranco expresivo, esa ¿persona?, lo que quieres es convivir con un marico.

Antes de proseguir, definamos marico: El que presta el sombrero, a la mujer, cree que el voto es una competencia grupal, le da la contraseña a todo el que vive cerca, le visita o simplemente no le coloca contraseña a su WiFi o quienes van al matrimonio de su ex. Lo de entrar en los demás grupos formados del gusto humano y no de Dios y la biología, ya queda en la conciencia de cada quien.

Retomando, ese que le dice marico a su amigo, al mecánico que lo llamó o al vendedor de computadoras que quiere convencer de que le ayude a bajar el precio del equipo, simplemente quiere convivir con un marico que le haga feliz y no le permita surgir intelectualmente.

Quieren envolver a todos en la palabrita que ya se convirtió en santo y seña de los venezolanos en el exterior junto al “mamagüevo”, echando por tierra a las Misses, el Petróleo y el Béisbol como referentes nacionales.

Los que, por pena o para fingir educación cambian el “marico” por “chico”, también corren en ese lote de disminución intelectual que parece que ahora debemos celebrar so pena de que nos metan presos, nos castiguen en las redes sociales, nos hackeen o nos dediquen el cumpleaños feliz con tambores y vallenato.

En fin, esta hipótesis que parece tesis o una idea vaga o un llamado de auxilio, es lo más similar al motivo de por qué hombres y mujeres (las que se dicen maricas o comienza un video diciendo “marica yo no entiendo…”, cosa que es evidente porque sí te expresas así, el entender no es tu fuerte), van espetando esta palabrita tantas veces que ya le están quitando el dictamen de grosería y lo están convirtiendo en sinónimo de amistad.

No pareciera nada más que las malas leyes, las cadenas de mando, las fallas en los servicios públicos sean lo que no están acercando a la Edad Media, ya que estamos avanzando en sentido contrario. También está en el cómo nos expresamos. Y lo digo porque sí no le dices un “marico/a” o “chico/a” a alguien, más que estar fuera de onda, estás siendo ofensivo, discriminador e hiriente.

Peor sí les dices señora o dama o caballero – señor. Allí sí les ofendiste porque -dixit- estás haciéndoles no ser lo que quieren ser (Barbie, no te supiste explicar) o les estás aumentando la edad -pecado-.

Allí sí, quien tenga conciencia y sepa que todo se está desmoronando y se nota en el uso del castellano y de las normas de cortesía, preguntaría tal cual como se dice apropiadamente en los llanos venezolanos, ¿Qué es esta mariquera?

NOTA: Y no se quejen del trato con esa palabra u otras, porque los revientan en redes sociales diciendo que ustedes se creen más, cuando la realidad es que en el expresar y sentir, nos estamos haciendo menos.

NOTA 2: Yo también la digo, pero cuando es apropiado y certero. Las groserías son como el dinero, nunca se debe malgastar ni darse a quien no lo merece.

@Humoristech 

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