Las Botargas de Condorito y el Dr. SIMI

las botargas de condorito y el dr. simi

Mi papá era admirador de la tauromaquia, incluso intentó ser torero en su juventud. Y cada vez que había un evento hacía el intento de asistir. Aunque no me pudo inculcar del todo esa pasión, si llegó a interesarme a través de la gran pasión de mí vida: el humor.

Sucedió que tenía yo unos siete u ocho años y en los días previos a la feria de San José (patrono de Maracay), hubo un desfile alternativo para promocionar un evento cómico – taurino – musical que se llamaba “Doña Conga y sus Enanitos Toreros” donde un señor vestido de madama del 1800 con un gran arnés, albergaba a varios enanos (allá los que se molesten, lo escribí así), que hacían gracias frente a novillos e incluso toros.

A diferencia de lo que están pensando, no hubo incidentes en los que estos fuesen corneados y salieran disparados como en el episodio de Bugs Bunny ante el toro.

Pues bien, en el desfile, entre los personajes disfrazados (trajes, arnés, armazón, bombachas, atuendos o en México “botargas”, término que me gusta más), podíamos encontrar a los de Disney, Hanna Barbera y uno muy especial para mí: CONDORITO.

La creación máxima de René Ríos, una escuela del humor blanco, repudiado por los creídos, alabado por los bien entendidos. Para mí, sus revistas eran una pasión que me enseñó a leer, amplió mi dicción, echar chistes, crear, etc. Por eso cuando lo vi, le grité “¡Condorito!”, y él cruzó la calle, me dio un abrazo mientras yo le decía “me gustan tus chistes”. Luego, se fue con la comparsa.

Ese domingo fui con mis padres a la Maestranza César Girón de Maracay y primero fue una novillada con los estudiantes de toreo; luego llegó Doña Conga soltando a sus enanitos, algunos disfrazados de Pitufos o de los de Blanca Nieves, corriéndole a los novillos, saltando, montados en un improvisado sube y baja.

Y volví a gritar varias veces, “¡Condorito!”, pero imposible que me escuchara porque estábamos muy arriba. Lo que más me entristeció es que no salió al ruedo. Tiempo después entendí que “mejor verlos detrás de la barrera” y más solidaricé con él.

El evento terminó con una pelea a navajazos delante delas gradas porque un sujeto dijo que le habían vendido la cerveza caliente y eso le transformó en un villano. Ahora que lo pienso, el único que vi cortado y ensangrentado fue a él, no a los toros y novillos.

 

¿Y qué tiene qué ver el Dr. SIMI en esto?

El doctor SIMI es la mascota oficial de las “Farmacias Similares” de México, que dicen “lo mismo pero más barato”. Algo como los remedios genéricos “GenVen” de Venezuela, donde te venden el componente base sin los aditivos que diferencian a las marcas y remedios establecidos. O sea, te venden el Sildenafilo, que es la misma Viagra pero sin espinacas.

Pues bien, esa botarga es ya una institución de la cultura mexicana moderna. Esa que te acompaña, que ríe, juega, trabaja, es indiscreta, imprudente, que no se sabe qué hará y trasciende a ser el muñeco que invita a la gente a entrar a comprar en esas franquicias.

La emoción de la gente y el cómo participa con el quehacer de la gente y le hace olvidar por un rato las carencias, dolores, penurias, deudas y le brinda un símbolo de hermandad que es un oasis, lo siento igual al abrazo que me dio quien estuviera en el disfraz de Condorito.

Lo siente la gente que va a DisneyWorld o a Universal Pictures o en los estadios. Alguien con quien jugar, ser adultos, niños, adolescentes, libres, comprendidos y no perder esa chispa de sensibilidad. Algo que de seguro tú que melees, entiendes a la perfección.

En las botargas de Condorito y el Dr. SIMI está la nostalgia que para muchos de nosotros son décadas pasadas y que para los que apenas nacen y crecen, serán parte de la suya, siempre que se les cuiden sus sentimientos, emociones y la capacidad de sorprenderse y ver más allá de lo evidente, sin la Espada del Augurio.

Esa gente aguanta calor, algunos abusos, desorientación, pero siguen adelante. Tan noves como los payasos, recordando y demostrando en sus acciones, que a los niños y grandes siempre se les debe sacar una sonrisa.

Gracias Papá por haberme regalado un instante así, por enseñarme que dentro de un disfraz hay alguien que quizá padece, pero no deja de sentir y trascender a su trabajo. No me negaste momentos clave para que mí corazón vibrase en la humildad, tanto como siempre lo hizo el tuyo.

Argenis Reinaldo Garnica Serrano - @Humoristech 

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