El
título dice mi sentir, pero realmente debo explicarlo porque a la gente le da
ñañaras que no me gusten los viajes y turismo; dicho sea de paso, es la misma
gente que no me paga el boleto ida y vuelta y estadía para convencerme.
Imaginen
el nivel de aversión a viajar que tengo, que una vez me enamoré de una muchacha
que vivía en Turmero, a 2 municipios de donde yo vivo, y jamás fui a visitarla
porque primero, desde Caña de Azúcar hay que llegar a la Terminal de Pasajeros
de Maracay que son como 25 minutos a 1 hora, de allí, hacer trasbordo luego de
una fila de mínimo media hora para tomar una camioneta y el trayecto para ir a
Turmero se toma como media a una hora, y a esto le suman que la muchacha jamás
me dijo su dirección.
Y es
que eso de estar viendo casas bonitas, casas feas, casas muertas, negocios,
gente que no imaginaba que existía y kioscos que dicen “El Gordo de las Arepas”
con un dibujo de un gordo cuya panza es una arepa o leer “Cauchera Abierta las 24
horas” y la misma está cerrada, podrá ser cotidiano para algunos, pero no es
atractivo para mí.
Los viajes
por tierra, en los que veo monte y culebra (deduzco que hay culebra) y cómo el
chofer compite contra otros choferes demostrando que no le gusta su vida, su
trabajo y menos nosotros, me ha quitado gusto por los viajes.
Lo que
más me cansa son los preparativos y el trayecto del viaje y luego cuando se
llega al destino, hay que turistear porque luego de tal esfuerzo es inútil o
mal visto encerrarse en la habitación a descansar. Y aunque no fuese mal visto,
el dinero invertido nos obliga a turistear o quedamos como tontos ante el
dinero, y eso para mí, es imperdonable.
Peor
aún la idea de tener que viajar por avión y más sí es fuera del país. Desde el
tener que pedir el pasaporte que es una travesía enorme desde la PC hasta que
te toman la foto y te lo entregan, hasta el día en que debes viajar y, como a
los pilotos les molesta el sol con sus lentes de aviador, se les ocurre que los
viajes salgan a las 7 de la madrugada y uno debe estar 4 horas antes para que
te chequeen, esculquen y saber sí vas o no vas para revender tu asiento.
Eso implica
que hay que levantarse de madrugada -o no dormir- para que alguien te lleve a
Maiquetía, que me queda a dos Estados de donde vivo. ¡Si ni por amor fui a
Turmero, imaginen ustedes ir a un aeropuerto internacional de madrugada,
buscado refriarme o ver apariciones espectrales en plena autopista!
Igual
sí el viaje sale de noche, el asunto es que ya es un día no más el viajar hasta
el aeropuerto y se le suma desde el aeropuerto de llegada a donde vaya a
residir. Un día que yo bien podría haber invertido cortándome las uñas, sacando
la basura de las canaletas o viendo crecer el pasto.
Lo de
turistear se me hace peor, porque eso crea nostalgias y ganas de regresar. Si una
vez sale caro, mucho peor el querer volver. Ni hablar de migrar para hacer una
nueva vida, ¿Qué sé yo si la nueva vida me sale igual de mala que esta?, además
estoy muy viejo para aprender nuevos idiomas, nombres de las calles e insultar
apropiadamente según las normas del país al que viaje.
A propósito
de viajes y turismo o migración, realmente no hay país al cual quisiera visitar
y quizá sea por eso que viajar no me llame la atención. Quería ir a México para
ver las casas coloniales así como se veían en las películas de Cantinflas y Pedro
Infante, pero ahora además demás peligros que mi país, México ha cambiado en sus
estructuras, como bien podemos ver en La Rosa de Guadalupe.
Lo que
más me desalienta es cuando veo las fotos de los demás en sus viajes; siento
que se están burlando de mí porque no viajo. Son realmente despiadados. Solamente
me reconforta ver que toman fotos desde su asiento en el avión y se ve el ala,
lo que demuestra que están en clase económica, porque desde primera clase no se
ven las alas.
Los viajes
y turismo necesitan un espíritu aventurero y libre que no alcancé a comprar en
la repartición de espíritus, teniendo que conformarme con uno más calmo, casi
ermitaño; miserable y aburrido diría yo.
Hasta no le eché los perros a una chica de la cual supe su sueño era irse de viaje -de turismo y luego residir- en Canadá, porque yo sabía que no lo podría costear y de hacerlo sería muy lejos, tendría que aprender otro idioma, un nuevo himno, hacer muñecos de nieve y allá no hay peleas entre vecinos o perros o evangélicos tocando mal los instrumentos y gritando poseídos en plazas o escuelas que me entretengan tanto como sucede aquí.
Ese compendio de motivos me disuadieron de pretenderla, aunado a que yo a ella no le gustaba y sí le decía algo me iba a mandar a volar y, bueno, ya he dado a entender que no me gusta viajar.
Por eso
es que no me gusta viajar, además de que no hay un aliciente fuerte que me
lleve en un buen auto en un horario conveniente (no me gusta viajar hasta que
no he ido al baño formal y copiosamente), a un lugar enaltecedor y en el que me
vean con agrado y no como un espécimen extraño para estudios antropológicos.
Con esto
he explicado de manera incomprensible el motivo por el cual no me gusta viajar
ni turistear y mucho menos me gustaría migrar, ya que salir de viaje uno solo
es chévere las primeras 24 horas. Ya luego cuando quieres compartir con
alguien, deja de ser muy animado, salvo que saques un muñeco de trapo o un balón
con cara y comiences a hablarle, lo que podría terminar llevándote en un vuelo
directo y sin escalas al manicomio.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario