Aunque a QUINO le gustaba
la sopa, encontró en su monstruito pelos quietos a una enemiga acérrima contra
la sopa y nunca he entendido por qué. Quizás porque desde niño se me enseño que
“el que no toma sopa, muere temblando” o por el simple hecho de que mi mamá sí
sabía cocinar o que en el Mercado Libre siempre han vendido sopa para llevar
hecha por gente que tiene dos versiones de sopa:
1) Versión ordinaria: hecha
“al ojo por ciento”.
2) Versión más ordinaria:
Le echan los ingredientes a como vengan y les meten candela como en horno de siderúrgica,
para que quede más cremosa.
Quizás el sabor de las
sopas que hacía la mamá de Mafalda no era bueno, por la tinta con la que QUINO
la dibujaba. Pero no he conocido criatura que no le vaya bien con sopa y sé que
el estómago agradece incluso cuando la sopa es de ajo y cebolla, de esa que
toman las chicas cuando quieren sacudirse a un enamorado que no les agrada.
Y nunca entenderé por qué
Mafalda estaba contra la sopa
Cuando fue la crisis
migratoria venezolana y despedí a familiares y amigos, mis palabras eran “cuídate
mucho, produce al ritmo sano y sin apuros y toma sopa de lunes a viernes”, ya
que eso mantiene el estómago sano, así sean esas sopas Maggi.
Yo no veo mí vida sin una
sopa de plátano con frijolitos rojos, arvejas, caraotas, sopa de pollo, sopa de
costilla o un mondongo o dos como líquido para bajar la comida y hacer la
digestión. La verdad es que me da una temblorina.
Y seguro estoy que no hay
nadie más contra la sopa como Mafalda en Centroamérica y Sudamérica. Hasta los
norteamericanos las toman instantáneas o de lata, para bajar sus hamburguesas o
perros calientes de baja carga (con mostaza nada más, eso es un platillo de
flojos).
En Venezuela la sopa de
costilla y pollo y demás proteínas a mano, hacen el cruzado, que le hace la
cruz a la mala digestión.
Como preparar un ajiaco
es casi que un mantra de salud y cuidado familiar en Bogotá y el resto de
Colombia. Las chicas no se casan sin saber hacerlo y los hombres menos, por si
no consiguen con quién casarse, tener su Ajiaco seguro.
En Belice aman la sopa de
pescado con yerbabuena/cilantro y papas; a veces llamada "Belizean fish
soup" y otras veces van a comer sin que le llamen.
Costa Rica asustaría a
Mafalda con la llamada Sopa negra con arroz, cilantro, huevos o chayotes. Pero esa
combinación suena a energía.
En El Salvador toman la sopa
de gallina india que es hecha con bolsa de gallina, verduras y aguacate que es
emblemática, menos para las gallinas.
Guatemala tiene el caldo
de res guatemalteco (res con verduras) o el caldo de pollo con jojoto, que les
aleja de la gripe o al menos, del hambre.
Honduras tiene la sopa de
caracol (con caracol marino, no de la que se baila) .
Nicaragua toma la sopa de
queso (con queso fresco y totopo) y la sopa de culantro (caldo de culantro) hasta
que a la pareja presidencial no le guste y la elimine.
Panamá toma algo que se
me antoja: sancocho panameño (hecho con caldo espeso con pollo/maíz, ñame, y
plátano), sólo le falta un casabe venezolano.
Argentina es como
Venezuela, se declinan por la sopa de lentejas o la sopa de mondongo, eso me
hace entender menos como es que estuvo Mafalda contra la sopa.
En Bolivia toman sopa de
quinoa que sirve para aguantar los mareos de las zonas altas, algo que deben
tomar los futbolistas rivales de la selección boliviana para aguantar el yeyo.
Brasil tiene al caldo
verde con col, papa y chouriço (chorizo, para los que no toman sopa y por eso no
saben traducir).
Chile disfruta el caldillo
de congrio (sopa de pescado) o sopaipilla con caldo. Ambas opciones las degustó
Condorito, lo que indica que la tinta que usaba PEPO para dibujar la sopa, era
de mejor calidad.
Ya sí Ecuador tiene un
pero con su sopa tradicional (Caldo de bolas de verde o sopa de bolas de verde
con maní), la cual uno no quiere que sepa al nombre.
Guyana, sí, ese país del
que sólo se habla para invadir o que invadió, también tiene sopa típica, la
Pepper pot, un guiso/sopa espesa de carne, con cassava (eso es yuca, la que le
gusta a tu ex).
Paraguay tiene una sopa
que es como comer una arepa líquida, llamada sopa de harina de maíz (caldo),
además de la sopa de cebolla que ya les dije para qué se toma.
Perú no toma sopa de
palomas (de las que les dan a las mujeres recién paridas), allá toman el sancochado
o sopa criolla limeña (sopa criolla) con ají amarillo que sabe sabroso.
Surinam, ese país que
sólo aparece para pedir limosnas, tiene a la Pom (sopa de arroz) y la sopa de
pollo con especias llamada sopa soto.
Uruguay tiene más consistencia
en sus sopas, siendo las populares las de carne, pescado o gallina. Es más, de
lo que se consiga en el mercado, es la tradición del día.
Porque la sopa nos une y
demuestra las ganas de cocinar, comer, aturdirse y al rato ya tener ganas de
comer alguna cosa para emparejar, sabiendo que al estómago le cayó bien esa agüita
caliente con sabor y proteínas.
Por lo que todo aquello
que tenía Mafalda contra la sopa, no era más que la base de algunos chistes y
un némesis necesario, pero que la vida y el lugar dónde lo comas, te enseña que
es lo mejor.
Salvo aquellos locos que
se toman una sopa hirviendo con los pies metidos en un río helado. Si el agua fría
puede partir un motor de un carro que está caliente, más puede hacerlo con un
alfeñique de 60 kilos que se la quiso dar de popular.
La sopa no es para que
sea nuestro última comida, sino el plato principal o incluso, el plato único.

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