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Tutorial para cruzar la frontera con Colombia a pie (dignamente) (de @ReubenMorales)

Autor: Reuben Morales
Recientemente viajé a Colombia por tierra, cruzando por Cúcuta. Fueron 48 horas de viaje. Uno de las travesías más impactantes de mi vida. Los venezolanos estamos tan desesperados, que la casa colonial donde sellan la entrada en Cúcuta, ya la vemos como el castillo de Disney (y cuando te le acercas, en tu cabeza hasta suena la cancioncita “When you wish upon a star” y ves a Campanita volando). Como muy probablemente usted esté pensando hacer este viaje (o ya lo hizo), aquí le colaboro con seis consejos para hacer de su cruce algo más digno.
Número uno: lleve tres partidas de dinero. Una para comer en las paradas, otra para mantenerse los primeros días en Colombia y otra, en efectivo, para los frescos y los pollos (y la familia) de los guardias nacionales.
Lo segundo: practique medicina antienvejecimiento en el viaje. Para esto, despídase de su familia en la casa. Nada de llevarlos al terminal. Si no, vivirá un drama de separación tan grande, que de golpe le caerán diez años encima. Si aplica esto y lo suma a las horas de aire acondicionado glaciar dentro del bus, llegará a Cúcuta viéndose más joven que la foto de su pasaporte.
En tercer lugar: fortalezca el musculito del guarapo. Cruzando la frontera se le aguará mucho viendo las despedidas del terminal, las masas cruzando la frontera o la situación de muchos compatriotas en Cúcuta. Si no quiere llorar, fortalezca ya el músculo del guarapo. El mismo queda ubicado justo debajo de la manzana de Adán. Es esa válvula que se contrae y duele cuando uno observa algo sentimentalmente abrumador. Para controlarla, solo ejercite el músculo del guarapo. Es muy fácil. Vea la película “Coco” todos los días o, si no, fájese a picar cebollas. Cuando sienta venir esas ganas de llorar, apriete el musculito del guarapo y afloje… apriete y afloje. Haga veinte repeticiones tres veces a la semana por un mes y listo. Ahora cruzará la frontera a pie tan tranquilo como Maluma cuando desafina y no se da cuenta.
Cuarto consejo: ejercite su brazo dominante. Cuando le toque caminar desde San Antonio del Táchira hasta Cúcuta, deberá rodar su maleta todo el tiempo por el asfalto (y como las rueditas de las maletas están hechas para pisos de aeropuertos…). Por eso haga mancuernas un mes antes del viaje. Si no, vaya con su maleta a la estación de metro de Plaza Venezuela y practique el “maleting” (porque ahora toda disciplina termina en “ing”). El “maleting” consiste en montarse sobre su maleta para dejarse llevar por una multitud enardecida. Lo mismo que vivirá cruzando a Cúcuta. Y si nada de esto le funciona, entonces escríbale un correo a la gente de Samsonite a ver si nos fabrican una maleta edición “Cúcuta” con rueditas Michelin.
Quinta advertencia: medite con mantras fronterizos. Cuando esté cruzando la frontera y vea a un guardia nacional mirándolo con intenciones de revisarlo, repita el siguiente mantra en voz bajita: “No existo, soy invisible… no existo, soy invisible…”. Inmediatamente emanará una vibración que transformará su aura en un campo de protección anti sobornos.
Sexta recomendación: no dé lástima. Al momento de cruzar la frontera, usted se sentirá como un refugiado sirio. Se imaginará en plena Guerra Fría caminando de Alemania del Este a la Alemania Occidental. No permita que sus seguidores de redes se compadezcan de usted. Todo lo contrario. Cuando llegue a la Cúcuta fronteriza, verá que es igualita a una calle cualquiera de la India. Entonces tómese una selfie con todo ese escenario atrás. Después escriba al pie de la foto: “Aquí, en mi viaje espiritual a la India con @IsmaelCala”. La envidia y admiración de todos, subirá su autoestima (y sus seguidores).
Así culminan mis seis recomendaciones para cruzar la frontera dignamente. Si las sigue, le auguro un viaje más placentero. Y si no las sigue, es que el Guardia Nacional es usted.
Fuente: www.reubenmorales.com

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