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martes

Es mi culpa que no tengas idea de cómo usar el WC (de @Rohan1974)

 
Es mi culpa que no tienes
ni idea de como usar el WC
Autor: Omar González" "el Papa on Fire"
Twitter: @Rohan1974

Mi hija no está necesariamente condenada al fracaso en la vida, pero tienen las desventajas notables de tener mis genes y mi crianza. No estoy diciendo que no pueda hacer grandes cosas, pero sé que nunca voy a recibir una carta dirigida al padre de la Presidenta de la República. No es que mi hija no va a ser elegida; sólo que no me van a invitar a la inauguración porque no puedo manejar yo mismo un bar abierto. Sophia ya cambia su mente como un político. 

Cuando se trata de dejar el pañal, ella es a veces lista y deseosa de cooperar, mientras que otras veces ella es más terca que una mula con un problema de aprendizaje. Sobre la cuestión del uso del WC adecuado, las fallas de Sophia se pueden remontar de nuevo a mi ADN y las habilidades de crianza de niños, no importa lo mucho que trato de culpar el calentamiento global o los medios de comunicación. Sophia, si estás leyendo este artículo en el futuro, hoy es la primera de muchas veces que te menciono tus defectos, aunque en su mayoría son culpa mía. Dile "hola" a tu terapeuta de mí parte.

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Mi hija mayor está en el lado más joven de la franja de edad de control de esfínteres, pero ella comenzó el proceso por sí sola. Un día Sophia se quitó el pañal, se sentó en un inodoro, y se hizo cargo del negocio. Todo por su cuenta. Sólo puedo darle crédito parcial, porque ella no podía entender para que era el papel higiénico, pero todavía pensaba que podría ser una especie de prodigio de la defecación. No me importa si tu hijo de dos años de edad, puede tocar Mozart, siempre y cuando la mía pueda depositar sus desechos en el lugar apropiado. En los siguientes días, bañamos a Sophia y la llenamos con elogios de como se duchaba con diversos accesorios. Ella estaba haciendolo tan bien con el dominio de su sistema excretor que su guardería recomiendó el uso de ropa interior en lugar de pañal. Todo era perfecto hasta que Sophia recordó que tenía dos años y no aplica las reglas de la buena sociedad.
 
No me importa si tu hijo toca el violín,
yo quiero que aprenda a usar esto.
Por alguna razón, Sophia ahora hace viajes al baño como pérdidas de tiempo. Después de pasar por una semana sin un accidente, ella comenzó a hacerse pupú en sus pantalones todo el tiempo. Ahora ella se niega a hacer algo productivo en el cuarto de baño. Esto es particularmente molesto para mí, porque esa es la habitación en la que debería hacerlo. Ayer hice mi declaración de impuestos allí. 

Desde que Sophia dejó de decirnos cuando tiene que ir al baño, tenemos que ponerla en la taza del baño por lo menos una vez cada hora para averiguarlo. Muy a menudo, ella grita como si la hubieramos dejado encadenada en una especie de instrumento de tortura medieval. Ella no deja de llorar hasta que la liberamos, y en ese momento contamina rápidamente su ropa. No puedo llamarlo un accidente cuando ella lo hace a propósito. Tratamos dejandola en el inodoro durante largos períodos de tiempo, pero eso tampoco funcionó. A unos cinco minutos en uno de estos intentos, Sophia se cayó de la taza del baño con un golpe tan fuerte que podía oírse en todo el edificio. Puede que no sea la primera mujer presidente, pero definitivamente podría ser la primera hija en necesitar puntos de sutura debido a una lesión relacionada con el inodoro.

Yeli y yo están en desacuerdo sobre qué hacer al respecto. Yo digo que deberíamos volver a Sophia atrás en pañales. Es evidente que su vejiga y su mente no son de fiar. Yo no quiero manchas húmedas para limpiar en mi alfombra tres veces al día. Los niños no son mascotas, lo cual es lamentable porque se necesita una gran cantidad de muy buenas herramientas de enseñanza fuera de la mesa de diálogo. Un periódico enrollado y un collar de choque haría mi vida mucho más fácil en estos momentos. Yeli, sin embargo, no quiere volver a Sophia atrás en pañales, insistiendo en cambio, que nuestra hija va a aprender más rápido si la mantenemos con su ropa interior. Yeli cree que la vergüenza y la incomoda experiencia de Sophia por ensuciar su ropa interior acelerará el proceso de educación. Las escuelas parroquiales a su vez utilizan un enfoque similar, pero toda humillación pública fue revocada porque vieron que había un "extraño aumento" en la tasa de violencia estudiantil-a-monjas. 

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Finalmente fue eliminado por completo cuando un estudiante de quinto grado cogió a una Monja con una llave de brazo. Me niego a creer que la vergüenza infligida será más eficaz en el control de esfínteres. La ropa interior sucia ayudará a Sophia a aprender a usar el inodoro de la misma manera que la eliminación de los cinturones de seguridad de un coche ayudará a un adolescente de dieciséis años de edad, a aprenden a conducir. Sí, renunciando a todos los dispositivos de seguridad y tiene un accidente de forma más memorable, no significa que disminuirá necesariamente su frecuencia. Nada incomoda más que un niño propenso a los accidentes, o un adolescente accidentado en un automóvil.
 
Sospecho que nuestra única manera de salir de este callejón sin salida es a través de una serie de prolongadas negociaciones con nuestra hija. Anteriormente, le dimos a Sophia dos piezas de dulces cuando hacía número uno en el baño y un helado cuando hacia número dos. Al igual que la heroína, cada dosis tiene un efecto menor que la anterior. Después de un tiempo, las recompensas habituales dejaron de motivar a Sophia. Hoy se sentó en el inodoro durante diez minutos sin hacer nada, pero a la segunda vez que lo hizo, nos ofreció su "caca" a cambio de dulces que mágicamente descubrió la manera de drenar su reservorio de orine. Sophia no está siendo desafiante de forma deliberada; ella esta presionando por un mejor trato. Si seguimos subiendo la oferta por su hospitalaria vejiga, muy pronto no voy a ser capaz de pagar el precio. No se necesita mucho tiempo para saltar de Chupetas a un carro nuevo. Tengo que convencer a nuestra hija a usar el baño, porque es lo que hay que hacer y no porque le van a dar una recompensa. Una hazaña que es posible siempre y cuando los niños no se sindicalizen. Esa es una línea dura de cruzar, sobre todo si está en frente del cuarto de baño.
 
No creo que pueda durar mucho
sobornando a Sophia
para que use el baño.
A pesar de que no estamos progresando mucho ahora, estoy seguro de que conseguiremos que Sophia sea domesticada en lo que comience la primaria. Una vez que dominemos el proceso con nuestro primer hijo, el rollo del esfínter en el hijo auxiliar debería ser mucho más fácil. Al menos eso espero. Es demasiado pronto para juzgar si Fabian es o no cooperativo por naturaleza porque él es todavía lo suficientemente joven para logra todos sus hitos sin ningún esfuerzo real. La mayoría de sus avances, como la risa o los llantos, suceden naturalmente, a menos de que mi esposa bebíó demasiado durante el embarazo. Aunque, en este momento exacto momento Fabián está sentado en mi regazo gritando tan fuerte que está haciendo que los perros del vecino, lloriqueen. Es casi como si tuviera que dejar de escribir y prestarle atención a él.

Si alguna vez escribo un libro, la página de la dedicatoria dirá: "Para mis hijos, que me retuvieron en cada paso del camino." Esperemos que ninguno de ellos aprendan a leer.

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Después de pasar unas semanas tratando de convertir a uno de mi progenie en un ser humano funcional, tuve una epifanía: Los pañales son la máxima comodidad. Es como llevar un baño alrededor de la casa con usted, no requiere supervisión de un adulto. Ahora que nos hemos pasado de los pañales a la ropa interior, nuestros días de comodidad se han ido para siempre. La situación se ha deteriorado hasta el punto en el que ponemos a Sophia en tiempo de espera si se niega a usar el inodoro y luego moja sus pantalones en su lugar. Este enfoque de la disciplina suena como una buena idea en teoría, pero sospecho que estamos haciendo el problema peor. La silla de tiempo de espera funciona como una prisión; en lugar de inculcar el remordimiento, la estamos enseñando a ser una mejor criminal. No me sorprendería si la próxima vez que le pregunte como se debe utilizar el baño me apuñalee en su lugar. Entrenamiento para ir al baño no parece valer la pena el esfuerzo o el derramamiento de sangre.

 
Cuando Sophia tome en serio el uso del baño, 
quiero que tenga una sonrisa de confianza, 
no un pañal para adultos.

ACTUALIZACIÓN:
Ya Sophia va al baño sola, bueno, te avisa que quiere hacer pipí para que la ayudes a montarse en el WC y hace solita, se emociona cuando le canto la victoria, y se limpía solita. Pero el asunto es que todavía el número 2, le gusta hacerlo en su ropa interior pero no en el WC.

Paciencia, Omar, Paciencia.


Fuente: www.papaonfire.com.ve

 

sábado

Plan Vacacional de Diosa Canales (@canalesdiosa)

¿Por qué los adultos debemos perder la potestad de vacacionar en un lugar donde no es que vayamos a aprender, pero sí nos van a enseñar bastante, tan sólo porque crecimos?

Foto: Diosa Canales en traje deportivo
Tomada por: Alguien
Esto motivó a la vedette venezolana Diosa Canales a crear su "1er PLAN VACACIONAL PARA ADULTOS", con el cual piensa distraer y sacar el stress laboral a cientos de adultos que harán cola para inscribirse, aunque luego los boten de sus casas.

En primer orden, el plan constará de las siguientes actividades:
Salto en colchón...de agua
Como hacer flotar su periscopio en un jacuzzi sin que se le ponga aguado y con vaivén
Manualidades unipersonales y en grupo (sí, de ésas que acaba de pensar)
Desabrochado efectivo y rápido de ropa íntima (necesario para todo hombre)
Desnudos públicos sin pena
Tasa a pagar por desnudos públicos ante los jueces (precios vigentes)
Desnudez para cantar (en la ducha, Instagram, Facebook y Whatsapp)
Cabalgar sin caballo
Helicóptero sin despegar
Hacer el del escaparate sin que el escaparate se te caiga por un mal salto o una mala remontada
Crear escándalos públicos y que con ello te sigan queriendo más
Ejercicios para decir que no te operaste con cirujano plástico, aunque lo hayas hecho
Mirada inocente y perdida, con pensamientos de dominación y demás perversidades
Actitud a los Christian Grey, aunque tengas el físico de Don Ramón
Paseo a clubes de todo tipo, sin sobrecargar la tarjeta de crédito
Pintacaritas (sí es tu gusto, ya ella no se mete en eso)

"MIENTRAS TU ESPOSA ESTÁ EN OTRA COSA,
PÁSALO BIEN JUNTO A DIOSA"

Adveretencia, todo esto fue una publicidad fake, así que los pajizos de Venezuela, vayan a aapelar a su mano y al llanto, esto no sucederá jamás)
A mí también me entristece

viernes

Las Noches Turbias (de @OtrovaGomasREAL) Cap. 5

CAPITULO V


EL CONTRATO

El lunes doce de Enero, parcialmente recuperado de la segunda paliza, Tulio Monsanto llegó con puntualidad a la reunión del grupo. Los otros miembros al ver el estado físico que presentaba su compañero se quedaron impresionados. Luego de explicarles lo ocurrido y la tunda recibida, hizo entrega del sobre que le había arrojado encima el matón.  Aunque nadie podía imaginar que aquello fuera cierto, la premura por conocer su contenido hizo que el asunto quedara marginado. 


Como era el hábito en las sesiones del Octeto, primero que nada se hizo el tradicional minuto de silencio que habían acordado para el reposo del alma de los que caerían en las acciones vengativas, luego se prendió el reproductor de sonido haciendo que las notas del andante de la obra se propagaran por la habitación, y mientras esta sonaba, el fundador del grupo se levantó del asiento tomando la palabra para despejar el estado de expectativa.  

-Bien, veamos que ha dicho el hombre – comenzó, y mirando a Monsanto le interrogó-¿No te dijo más nada? 

-No de fondo, -contestó este lacónicamente- Ya saben que es un hombre muy callado. Habla de otra manera, solo me advirtió que para la próxima reunión no llevemos grabadoras de ningún tipo.

Mientras este hablaba Guacaral tomó el sobre por la parte superior y empezó a abrirlo rasgándolo cuidadosamente. Sacó las dos hojas de papel que se hallaban en el interior, y conforme era su costumbre en las reuniones de negocio,  primero leyó solo y en silencio su contenido. A medida que su mirada recorría el papel sus cejas fueron tomando la forma de un arco extendido, y la raya que siempre le adornaba la frente en momentos de tensión se instaló en su  sitio preferido. Miró a los otros siete miembros que esperaban intranquilos y dijo: 

-Bien, voy a leérselo en voz alta. 

"Estimado señores:
Tengo a bien participarles, que luego de un detallado análisis de su oferta, así como de las razones morales y el riesgo que involucra el trabajo solicitado, decidí aceptarlo bajo estas condiciones:
Primero: El monto de mis honorarios para la ejecución de las personas que me mencionaron es de cincuenta mil dólares americanos por cabeza. Cantidad que será pagada en su equivalente en seis tipos de valores por igual: dólares, euros, francos suizos, libras esterlinas, diamantes y oro de 24 quilates, si hay un desplome bancario en el ínterin de una ejecución, puedo cambiar las monedas por obras de arte a mi elección y del mismo precio. La entrega será en dos partes: ochenta por ciento al momento de la firma del contrato de ejecución y veinte por ciento al momento de la muerte de cada individuo. La suma se pagará con transferencia en las cuentas y lugares que les suministraré oportunamente. Les hago la aclaratoria que las cantidades por cada ejecución futura podrán subir o bajar según las circunstancias y la metodología que utilice. 

Segundo: Será a cargo de ustedes el suministro del material de trabajo para todas las ejecuciones. Considerando que su proyecto es liquidar a varios funcionarios corruptos de Argentina, la mitad del material en especies estimado para realizar las encomiendas deberá ser entregado por adelantado en un plazo no mayor de un mes desde la firma de esta carta por las dos parte, y comprende los siguientes rubros: dos litros de cianuro puro, un kilo de Ántrax, una caja de jeringas hipodérmicas, tres bombonas para buceo submarino pero llenas con monóxido de carbono, cincuenta puntas de flecha con curare, cinco kilos de dinamita en tacos, seis minas explosivas con un radio de acción de cinco metros, diez kilos de bombas gelatinosa, veinte relojes despertadores, diez metros de cables rojos, diez metros de cable amarillo y diez metros de cable negro, diez detonadores marca Siemens, tres sistemas de transmisión por radio de largo alcance, dos morteros con tres cohetes cada uno, cuatro pistolas Glock, tres revólveres Mágnum 354, veinte cajas de balas hallowpoint 9 mm, diez cajas de balas mágnum 45, un garrote masai, un puñal tantó japonés de cuarenta centímetros de penetración, una wakizashi, dos catanas samurái, una lima para afilar armas japonesas, un estilete italiano del siglo XVII con punta emponzoñada, un tenedor de puntas cónicas impregnado de veneno para ratas, dos rifles M-16 de dos mil metros de alcance con sus respectivas miras telescópicas y cien balas fragmentarias para cada uno, dos bombas de lanzamiento aéreo de veinte kilos la unidad, seis sub ametralladoras Thompson con dos mil municiones, diez gramos de toxina botulínica pura, tres latas de  tetrodotoxina o una pecera con varios peces fugu para que yo mismo se la saque, tres vehículos con matricula inidentificable, una mujer muy bella dispuesta a todo y que no pregunte nada, seis cajas de lápices Mongol una botella de Coca Cola llena con ricina, dos chalecos, , un sombrero, dos pantalones y seis interiores antibalas, un  frasquito de mercurocromo y tres cajas de curitas. Todos deberán ser probados previamente por ustedes o por gente de su confianza para darme garantía de calidad.
Para facilitarles la obtención del material les puedo recomendar estos centros de distribución: en Colombia en el área del Alto Apure venezolano, llamar en voz alta al Sr. Pedro a las 7 de la noche del lado este del río frente a la venta de papayas de doña María , en Siria, en el Hotel Concorde, preguntar por Amir, el mesonero loco, en Irán en la mezquita de Sehij Lutfullah en Ispahán, dejar una nota con su dirección metida en un sobre negro en el velatorio de Sahanmhar Josehim, en Irak en el hotel Bauska de Bagdad, hablar con el ciego que se sienta en el lado izquierdo de la entrada de atrás. Este material también puede ser obtenido de cualquier distribuidor independiente europeo o americano reconocido, pero no acepto armamento chino, ruso o de países subdesarrollados." 

En ese instante Estanislao Miquilena interrumpió la lectura poniendo cara de asombro:
-¡Joder, este va a acabar con toda la Argentina! 
Haciendo una pausa Guacaral colocó por un instante la carta sobre la mesa y sonriendo le respondió en tono irónico:
-Lo que me imagino es que ya hizo un inventario a fondo de la administración pública.
Víctor D’Onofrio también sonrío pero añadió un comentario que termino con el asunto:
-Creo que sabe lo que hay que hacer, sigamos…
El presidente de la organización lo miró con complicidad y reemprendió la lectura:

"Tercero: Una vez suministrados los nombres de las personas a ejecutar y los detalles y pruebas del caso, este  será previamente sometido a un juicio sumario de mi parte, y solo después que los declare culpables serán eliminados en un plazo no mayor de diez días. Si los considero inocentes o tengo dudas serias devolveré el dinero entregado en una semana, menos un cinco por ciento por los gastos de estudio e investigación.
Cuarta: Me reservo el derecho de conservar o recuperar los cadáveres para fines de colección o experimentación, así como liquidar a los sentenciados de la manera como me plazca, incluso subcontratando personas de mi libre escogencia.
Quinta: Todos los contactos con su organización los haré con el señor Tulio Monsanto."

Al oír esto, el adolorido mensajero de la carta saltó de la silla como si lo hubiese lanzado un resorte.
-¡No, por favor, no! Que escoja a otro, si no renuncio...
-Calmáte Tulio- lo tranquilizó Guacaral- seguro que te ha tomado cariño.
-Cariño… ¿Cómo? Si ese boludo es un enfermo mental…
Esta vez fue Gunter quien trató de sosegarlo:
-Creo que eres la única persona a la que le tiene confianza porque sabe que le tenés miedo, podés estar tranquilo, conozco la psicología de ese tipo de gente.
-Es cierto- lo apoyaron los otros.
Tulio no contestó. Frunció el ceño y se agarró la cabeza sin disimular la preocupación.
-Bueno, déjenme terminar, que esto sigue- dijo López Guacaral y reanudó:

"Sexta: A la fecha de firma del contrato cambiaré de nombre y domicilio y no será posible contactarme de nuevo sino cuando yo decida hacerlo o por medio de la persona mencionada.
Séptima: Las personas facultadas por su grupo deberán firmar esta carta de intención el día lunes a las 12 en punto de la noche en mi actual residencia, a la que deberán comparecer sin ningún sistema de grabación o conservación de pruebas, incluyendo loros tropicales. 
Octava: Aun cuando trabajo solo, podré requerir la ayuda personal de alguno de ustedes en caso que lo estime conveniente y ella me será suministrada sin reservas.
Novena: Una vez firmada por las partes esta carta de intención contractual, las dos copias serán destruidas, quedando solo el recuerdo o las notas que deben tomar de su contenido. Todas las personas que lo conocieron, y de las que me darán los nombres y direcciones, deberán abstenerse de hacer el más mínimo comentario sobre el tema, incluso con sus familiares más íntimos. En caso de haber una filtración quedo en libertad de responsabilizar de ello a cualquiera de ustedes al azahar, al igual que lo podré hacer con todos, y fuera de la liquidación personal del responsable habrá una pena complementaria: la ejecución masiva de los familiares de todos los miembros de la organización.
Décima: La falta de cumplimiento de las obligaciones de su parte me libera de todo compromiso con esa organización y me da derecho a cualquier cosa."

Cuando terminó la lectura un silencio pesado se apoderó del ambiente. Ninguno de los presentes se movió de los asientos y sus caras rígidas develaban el estado de ansiedad y temor que les produjo la lectura. Todos sabían que relacionarse con asesinos a sueldo es algo extremadamente peligroso, pero ahora lo experimentaban personalmente. Fue después de unos segundos que López Guacaral les regresó a la realidad:

- Bien, también debo decirles que esta carta está escrita en alfabeto Morse, así que no hay forma de saber quién la escribió.
-¿Voz leés Morse?- Interrogó Miquilena un poco sorprendido.
-Sí, lo aprendí cuando vivía en Los Ángeles y era la única manera de comunicarse debido a la contaminación.
La escena dominada por aquella atmósfera de inseguridad fue interrumpida otra vez por Miquilena:

-Bueno, lo tomamos o lo dejamos…que opinan. Yo me pregunto ¿No es más segura la Cosa Nostra o la Mafia siciliana?
Monsanto fue el primero en apoyarlo:
- Sí yo también lo creo, ese tipo es un peligro, deberíamos buscar a otro, en Honduras, Venezuela y en el medio oriente abundan los asesinos y son mucho más baratos y razonables.
El precio no es el problema -interrumpió el presidente- lo que importa es la seguridad de que haga un trabajo continuo y sin errores, vos sabés como abundan los incapaces, es un imperio universal con millones de miembros sueltos por todas partes, y en este caso no estamos hablando de mantener bonito un jardín. El fulano Kurlo tiene la ventaja de que aparentemente es perfecto, responsable, posee un gran historial de violencia, una frialdad pasmosa y sobre todo una habilidad y una imaginación extrema. Al menos es lo que dicen todos los que le conocen y trabajaron con él. Ustedes lo saben porque estudiamos antes todos los aspectos de la selección.
-Yo lo contrataría- apoyó Erath.
-Y yo -le siguió Víctor D’Onofrio. 
-Igual me pliego –dijo Pitaluga.
Mario del Bízcalo miró a los demás, pensó un instante, pero luego se adhirió a la propuesta.
-Bien- concluyó López Guacaral sin esperar la opinión de los restantes, que aunque no habían hablado ya eran una clara minoría- Será nuestro hombre. Lo contrataremos. El lunes a las 12 de la noche Erath y yo iremos con Monsanto a su casa para firmar y puntualizar los detalles. Recuerden que nuestra próxima reunión queda pospuesta para el martes a esta misma hora, antes no tiene sentido porque estaríamos con las manos amarradas.

Apenas terminó de hablar se levantó de la silla siendo seguido por los otros siete miembros de El Octeto. A medida que iban saliendo del reservado, sus caras serias y rostros fruncidos daban la impresión que había sido la reunión de directiva de una empresa agobiada de problemas. 
Afuera, en pleno fulgor de la noche de Buenos Aires los ocho hombres se dispersaron partiendo cada uno por su lado. Aunque era una noche agradable de los últimos días del verano, el sabor a muerte, a venganza confundida con justicia y resentimiento que estuvo presente en la reunión quedó pesando sobre ellos. A pesar de que ninguno se atrevió a expresarlo, todos llevaban incrustado en el cerebro esa desagradable sensación de incomodidad que produce salirse de los causes de la ley.

En uno de los linderos de la ciudad el majestuoso Río de la Plata fulguraba bajo los estrellas, y en la lejanía, el tiempo lento y acentuado de un tango llorón dejaba escuchar el abatido mensaje de su letra.


Autor: JAIME BALLESTAS (OTROVAGOMAS)

jueves

Las Noches Turbias (de @OtrovaGomasREAL) Cap. 4

CAPITULO IV LA EMPRESA 


Tal como había sido acordado, al atardecer del siguiente día, Tulio Monsanto, el hombre castigado por Kurlo, llegó de nuevo al edificio de su agresor. Subió con lentitud por las escaleras como queriendo retrasar el momento del encuentro. Unos jóvenes que descendían jugueteando peligrosamente casi lo tumban, pero logró mantener el equilibrio sosteniéndose del pasamano y apartándolos como pudo. Su cuerpo aún sentía los efectos del lanzamiento contra la pared, y sobre todo el terrible dolor que le causó la apagada del cigarrillo contra el cuello. Su cara reflejaba las incógnitas que lo consumían por dentro desde la noche anterior: ¿Por qué a él? ¿Sería para disculparse? ¿Cuál fue su verdadera intención al escogerlo? La duda no le permitió darse cuenta que pasó de largo el apartamento. Reaccionó apenas empezaba a subir el siguiente piso, y se regresó preocupado, más por la proximidad del momento del encuentro que por el error de distracción. 

Ya frente al sitio todavía dudó por unos instantes. Su mente confundida entre la incertidumbre, el miedo y la turbación que nacía del interior de sus entrañas tuvo un breve instante de rebeldía. Pensó en irse corriendo, dejar todo así y que los demás resolvieran el asunto, pero tomando una enorme bocanada de aire aceptó su destino. El compromiso moral que había asumido con el grupo y con el país pesaba más que otra cosa. Expulsó el aire y acercando la mano al timbre, sin más preámbulos dejó que el índice hiciera su trabajo.(*) 

Al abrirse la puerta apareció la figura maciza de Kurlo. Su cara lucía impasible como cuando lo agarró por la cintura para sacudirlo en el aire. En esta ocasión lo miró con indiferencia y no pronunció ni una palabra. 

-Buenas – dijo Monsanto con voz trémula y medio apagada- aquí estoy... 

En respuesta el dueño de la casa se le quedó mirando, esta vez por un tiempo más largo pero que al otro le parecieron horas, y sin hablar, se apartó un poco haciendo apenas un gesto para que pasara. 

En el momento en que se cerró la puerta del apartamento, el enviado del grupo entró en el reino de la turbación. Detestaba aquel silencio maldito y esa mirada helada que no trasmitía nada. Y no le faltaba razón, porque además del mutismo y que ni siquiera le invitó a sentarse, Kurlo ignorándolo completamente se dirigió a una mesa lateral donde estaba ajustando un instrumento. Allí se sentó dejándolo parado en el medio de la sala como si fuera un fantasma. 

El escozor interno del recién llegado creció. Aquella situación humillante le hacía achicar aún más las fibras morales llevándolas a un nivel que no había conocido antes. Confundido trató de buscar asiento para esperar que lo atendiera, pero apenas se dispuso a hacerlo este le gritó desde lejos: 

-No se siente, esas sillas están en cuarentena para usted, espere parado. 

Solo después de transcurridos casi diez minutos abandonó lo que estaba haciendo, y caminando lentamente hacia el visitante, apuntó: 

-Lo que usted dijo ayer fue una imbecilidad que no me gustó y debe saber que aún no le he castigado. 

El pobre hombre reaccionó instintivamente moviéndose hacia la puerta. Su rostro primero se puso rojo, luego se fue tornando amarillo y después de recorrer varias tonalidades de los atardeceres árticos se detuvo en el blanco puro. 

-Perdone señor, yo no quise ofenderle, fue un decir intrascendente –dijo angustiado- he venido porque nos iba a dar una respuesta, no me vaya a pegar, por favor, se lo suplico, soy un hombre débil, por favor… 

A medida que iba hablando continuaba moviéndose hacia la puerta. 

-No se preocupe–dijo el matón- será un castigo breve, pero no lo puedo perdonar porque para mí es una cuestión de principio. Mi vida ha sido una batalla sin cuartel contra los locos y los necios y usted me califica de eso irrespetando todos mis valores.

Monsanto pensó en correr pero se dio cuenta de que ya era muy tarde, el otro lo había agarrado por el cuello y apretándole con una violencia desproporcionada para el tamaño y la fortaleza de la víctima, que además ni siquiera se defendía, empezó a ahorcarlo haciendo énfasis en apretarlo más duro por el lado de la quemada. En el momento crítico de la asfixia se detuvo. Lo dejó respirar y al constatar que estaba vivo esperó que se recuperara. Notando que aún conservaba aliento lo recostó de la pared y allí empezó a pegarle. Prácticamente le ametralló la cara con golpes de derecha e izquierda repetidos con una armonía impresionante, cada uno más fuerte que el otro. El sonido de los puños era absorbido por la carne donde se estrellaban y se volvían ruidos secos trasmisores de la violencia del castigo. Sus manos recorrían distintos ángulos del rostro venciendo los inútiles intentos por esquivarlos. En cierto momento trató de cubrirse con los dos brazos, pero los puños de su agresor descendieron y empezaron a darle sin piedad en la zona del plexo solar. Se notaba la experiencia extrema de aquel hombre en el arte de demoler las defensas de sus contrincantes. Pero no se detuvo hasta que se dio cuenta que el golpeado había perdido los sentidos y se desmoronaba perezosamente como si fuera un muerto. 

Fue dos horas más tarde, al abrir los ojos, que Tulio Monsanto se percató que estaba en el piso. Miró el techo del apartamento y descubrió o le pareció que este era azul cielo y tenía pintadas estrellas, cometas y luceros. Apenas movió el cuerpo adolorido sintió una voz que no reconoció al primer momento por aquel estado: 

-Acá tienen la respuesta que les prometí –dijo Kurlo tirándole un sobre encima- Allí están escritas las condiciones del negocio cuidadosamente detalladas. Léanlas y si están de acuerdo, el próximo lunes a las doce de la noche venga usted con dos de las personas que toman decisiones. Dígales que no traigan grabadores ni loros. 

El mensajero de la organización argentina para liquidar corruptos casi no entendió las palabras. Tenía el rostro hinchado y lleno de sangre y el dolor lo distraía. El impacto  del día anterior no se comparaba en nada al estado físico de ese instante. Extraviado entre esa confusión que deja volver a la conciencia luego de un trauma y los dolores corpóreos, pudo percibir que había perdido varios dientes delanteros y una muela. Se maldijo por haber venido, pero resignado se fue parando con lentitud. Tomó la carta que se encontraba a su lado y poco a poco se dirigió tambaleando hacia la puerta que le esperaba abierta. En lo más profundo de su conciencia juró que jamás volvería a regresar a ese lugar. 




La calle Rivadavia de Buenos Aires es larga como muchos de los bulevares y avenidas de la hermosa capital bonaerense. Está llena de edificios modernos, pero se encuentra sembrada de esas viejas construcciones de arquitectura europea del siglo XIX que le dan el toque elegante y diferente de otras capitales suramericanas. En el número 38, segundo piso, derecha ascensor de uno de las lujosas edificaciones, funcionaban las oficinas clandestinas de la organización creada para combatir la corrupción. 

La entidad fungía externamente como el departamento administrativo de una empresa dedicada a la exportación de carnes, pero en su parte trasera, en un salón de paredes grises sus directivos se reunían dos veces a la semana. Allí solo había una mesa ovalada, ocho sillas, un archivo grande y un reproductor de sonido de alta calidad. El grupo lo componían ocho personas y se había constituido por iniciativa de Julio López Guacaral, un ganadero y político retirado del partido radical, quien por la repugnancia generalizada contra la continua descomposición de los gobiernos que había padecido el país hasta el presente, incluyendo el de Juan Domingo Perón y el de sus Evitas, había programado una manera inédita y sui géneris de venganza contra los funcionarios públicos corruptos: su liquidación física inmediata. 

En criterio de aquellos hombres y varias personas que les apoyaban y financiaban desde la sombra, eso además de ser un castigo definitivo contra los culpables y garantizar que no volverían a reincidir, también serviría de advertencia a otros y así limpiar a la administración pública de tantas inmundicias. Para lograr el objetivo que se había trazado, López Guacaral contaba con una fuerza de apoyo muy particular que le haría manejable todas las dificultades que se le presentaran: era el único heredero de una de las más grandes fortunas ganaderas del país.  A fin de que le acompañaran en su quijotesca empresa vengadora, el millonario había buscado la colaboración de dos grandes e íntimos amigos, Estanislao Fonseca, abogado y ex miembro del tribunal supremo, que había visto en detalle la manera como se manejaban los juicios contra la corrupción en Argentina, y Mario del Bízcalo, un ingeniero medio anarquista, de profundo resentimiento político contra el peronismo de derecha, el de centro, el de izquierda, el renovado, el auténtico y de todas la variedades en que se habían dividido los feligreses del estúpido culto al general Perón. Entre los tres lograron reunir al resto de los miembros de la directiva: Braulio Tancredo, un médico muy hábil que solo operaba gente desahuciada, para en caso de muerte poder echarle la culpa al estado terminal del paciente o llenarse de fama si por milagro se salvaba, Gunter Erath, arquitecto, amigo de Bízcalo, hijo de un refugiado alemán y tirador de elite que sostenía la interesante tesis de que los partidos políticos son bandas organizadas para dar un golpe contra los fondos del estado, Julio Pitaluga, otro ganadero, eterno opositor del gobierno y del que se decía que de noche salía a matar gente que se pareciese a cualquier ex presidente argentino, y Víctor D’Onofrio, un contador que trabajaba al servicio de Guacaral. Los otros eran, Estanislao Miquilena, viejo comerciante también obsesivo anti peronista y ex convicto por evasión fiscal, en cuyo juicio alegó que viendo el destino que se le daba a los fondos públicos, jamás pagaría un centavo de impuesto salvo que él mismo lo administrara, y Tulio Monsanto, a quien Mastrodoménico había castigado, hombre tímido, lento y pacífico, cuyo padre fue una víctima famosa de la dictadura de los años ochenta porque lo usaban para probar la eficacia de nuevos instrumentos de tortura, de donde nació su profundo odio por todo lo que fuera gobierno.

El heterogéneo grupo decidió llamar a la organización con el sobrenombre de El Octeto, más como tarjeta de presentación que como un bautizo significativo. Tal vez solo sirvió para que sus reuniones semanales se hicieran bajo las notas del famoso octeto D 803 de Frank Schubert, una de las piezas favoritas de Erath.  En su rutina de trabajo estaba analizar cuidadosamente todos los aspectos vinculados a los actos administrativos sospechosos de corrupción, para lo cual se basaban en los informes suministrados por un servicio de inteligencia altamente organizado y financiado por López Guacaral, que igualmente procesaba en secreto las declaraciones de testigos. 

Fueron esos ocho hombres quienes dos semanas antes y bajo los acordes del andante molto alegrede la dramática  melodía shubertiana, decidieron comenzar la acción vengadora ordenando la liquidación física de tres ex funcionarios del gobierno: las personas a quienes la central investigadora responsabilizó del desfalco que en esos días escandalizaba la opinión pública argentina.  Para el inicio de lo que sería una expansiva onda punitiva habían decido contratar a un matón por encargo, y fue la causa de la visita de cuatro de sus miembros a la casa de Kurlo Mastrodoménico.

 La decisión de su escogencia no fue por azar o tomada a la ligera. Fue el resultado de un largo estudio en que se descartaron casi veinte posibilidades, incluso la contratación de la Cosa Nostra italiana o traer al país diferentes asesinos profesionales de lugares tan distantes como eran kamikazefree lance del Japón, mártires de Mongolia, piratas del mar de China, matones ultraderechistas de Ucrania, hombres bombas de Afganistán, suicidas  preparados por Al Qaeda para alquilar, y hasta enfermos mentales peligrosos de varias partes de los Estados Unidos y de Europa.

Continuará...

 (*) Aunque por una costumbre que viene desde la era prehistórica -cuando los hombres solían despertar a su pareja clavándoles el índice en la barriga para que se parara a hacerles el desayuno- este es el dedo que más se utiliza para tocar timbres, hay casos probados de personas que lo hacen con el dedo anular y el meñique, e incluso se han detectado varios individuos que por razones desconocidas prefieren hacerlo con el pulgar. 

miércoles

Las Noches Turbias (de @OtrovaGomasREAL) CAP. 3

CAPITULO III
 LA ENTREVISTA
Al ver a los visitantes, Kurlo les habló cariñosamente olvidando por completo lo que había ocurrido en el apartamento minutos antes:
-Buenas noches- dijo afectuosamente- ¿En qué los puedo ayudar?
Se trataba de cuatro hombres de mediana edad, vestidos todos de la manera común en las personas pudientes de Buenos Aires. El más alto, con cara de cigüeña, portaba un pequeño maletín de cuero, otro de ellos, por el cabello rubio y cierto parecido con el jefe de las fuerzas de choque de Göering mostraba ascendencia alemana. Los otros dos eran de esas figuras corrientes que no trasmiten nada a la primera impresión, ni a la segunda, y posiblemente  tampoco a la tercera. 
La amabilidad del dueño de la casa y el gesto amistoso con que les había recibido hicieron que todos le devolvieran la sonrisa con la misma gentileza. Pero a pesar de las diferencias de sus gestos, en ese instante los unificó algo que se hizo llamativo: la mirada de sorpresa. En el fondo nunca se imaginaron una actitud tan amable en alguien que tenía la fama de desnaturalizado de la persona que buscaban.
-Buenas- le respondió el que parecía comandar al grupo- ¿Es usted el señor  Mastrodoménico? 
Sin quitar la expresión afable de la cara, Kurlo asintió con un gesto afirmativo y aumentó la luminosidad de sus ojos ahora más llenos de dulzura. Se movió ligeramente hacia un lado e insistió para que pasaran.

 -Sí, soy yo –reafirmó- ¿Qué desean?
-Querríamos hablar con usted. Es algo muy importante ¿Podría atendernos ahora?
-Seguro, pero pasen…pasen, están en su casa.
Los hombres franquearon la puerta seguidos por el anfitrión, quien ya adentro les pidió que se sentaran señalando los asientos del recibo. El lugar era muy amplio, tal vez más de lo normal por la eliminación de las paredes que había extendido la zona de recepción del apartamento. Los hombres observaron con curiosidad la extraña decoración y el desorden que reinaba, sin saber que habían sido ellos quienes la habían causado con el timbre. Un enorme mazo de alpaca pura guindaba de una de las paredes y tres bates reposaban en un porta bates de porcelana. Solo el hombre de los rasgos teutónicos pareció no darle mucha importancia al sitio y prefirió detallar al anfitrión.  Junto al sofá y los tres sillones del recibo había una serie de mesas colocadas unas al lado de la otra, en las que se encontraban instrumentos de química y de física de la más variada naturaleza. Aquello parecía ser más un laboratorio que el local de una vivienda. 
Una vez que todos estuvieron sentados, Kurlo rompió el silencio: 
-Bien, que les trae por aquí… 
De nuevo habló el que parecía ser el líder: 
-Bueno, antes que nada, mucho gusto, me llamo Estanislao Miquilena, ¿Conoce a Porfirio Thomas, cierto? Venimos por su recomendación.
-Sí, claro- respondió- hace algún tiempo que no lo veo, pero hemos tenido buenas relaciones.
-Perfecto, entonces podemos explicarle sin temor el motivo de nuestra visita. Es para algo parecido a lo que usted ha hecho para él-  Al decir esto, sus gestos faciales se alteraron un poco mostrando cierto temor y duda de si podría expresar sin reservas algo tan delicado como la razón de aquella visita.
Kurlo, ya más normal a media que las dendritas empezaban a despegarse después del intercambio de líquido cefalorraquídeo,  giró lentamente la cabeza para mirar uno por uno a los cuatro recién llegados. Rápidamente les detalló las manos, una costumbre aprendida de su abuelo, quien antes de morir atacado por un conejo enfurecido que le mordió la yugular cuando iba a volverlo a la cazadora, le dijo que en las manos de una persona estaban todos sus secretos. El viejo ya agonizando le explicó al nieto que su grosor determinaba la profesión y la fuerza, en sus uñas se descubría si era aseado, puerco o marico, si se las comía mostraba que era nervioso, el índice señalaba cuales eran sus peores vicios y el arrancarse los pellejitos lo identificaba como impaciente. El anillo o su ausencia indicaban el estado civil y las arrugas de los metacarpos la edad exacta y si sufría de artritis o de leishmaniosis. Ya cerrando los ojos completamente desangrado, en los estertores de la agonía el viejo le recomendó que tratara de verles las rayas de la palma de la mano a los desconocidos, porque allí estaban marcadas su longevidad, su fortuna y la intensidad de sus pasiones, y por ende todo lo que podía esperar del individuo.
Normalizado su estado emocional al acabar por completo el coito neuronal, su sonrisa de deleite desapareció sin dejar huellas y el semblante empezó a tomar el aspecto frío que siempre le caracterizaba. El parpadeo congelado y el rictus negativo que ahora emanaba de sus labios le trasmitieron a los presentes una sensación de desconcierto. 
-¿Presumo entonces que vienen por un trabajo? –les inquirió con un acento cortante, casi repulsivo y que discordaba de la amabilidad anterior. 
El tono de sus palabras era indeterminable, y por más que los otros trataron de sentirse normales aquella voz les perturbaba. La entonación que le dio a la pregunta también podría trasmitir una respuesta, solo que era imposible descifrarle la intención. Podía ser un "Hay, que bueno, cuénteme ", pero igual se trataba de un "¿Están locos? ¿Que se han creído ustedes?“ O un “Váyanse, ya yo no hago esas porquerías". Con excepción de uno del grupo, los individuos se movieron perturbados y la atmósfera empezó a volverse difícil de respirar.
En cuestión de segundos el estado incómodo que se crea en las áreas cerradas cuando no hay armonía se apodero del sitio, hasta que uno de ellos tomó la palabra. 

-Sí, en efecto, señor Mastrodoménico, para eso hemos venido. Tal vez es un trabajo diferente, aunque Porfirio nos dijo que usted era el hombre más capaz en toda Argentina para hacerlo, y además el único que no lo rechazaría porque lo rige un elevado principio de justicia. 
-¿De qué se trata? -respondió Kurlo, cambiando el aspecto frío del rostro por uno casi altanero. Su cuerpo macizo humilló la condición física inferior de sus interlocutores. La piel visible mostraba una vitalidad extrema y los músculos que se percibían bajo la camisa trasmitían agresividad en reposo. 
Otro de los sujetos, un tipo medio regordete,  afectado por el cambio de tonos, dijo sonriendo:
-¿Usted como que es loco? Su cambio de actitud nos tiene confundidos… 
No había terminado de decirlo cuando el matón se le vino encima, y aprovechando sus palabras para sancionar la interrupción que le causó el sonido del timbre, lo levantó en el aire y lo lanzó con fuerza contra una de las paredes aceradas. El cuerpo se estrelló estrepitosamente y en segundos el pobre hombre se desplomó sobre el pavimento tomando la forma de una foca mientras miraba con la boca abierta a sus compañeros asustados.
Levantándose de la silla, el medio alemán se dirigió al que yacía en el piso: 
-Calma che…calma- Y hablándole esta vez a Kurlo dijo: 
- Mire señor Mastrodoménico, no lo tome a mal, excúselo y vayamos al grano. Se nos ha dicho que usted trabaja en venganzas por encargo. Se le paga y le propina una paliza al que sea, el caso es que nosotros tenemos instrucciones de cerrar con usted un negocio grande para ese fin, claro, con el detalle de que la venganza en nuestro caso tal vez no es de las que está acostumbrado. 
Kurlo lo observó con frialdad, y en respuesta solo peguntó si alguien tenía un cigarrillo. Cuando uno de los presentes se lo ofreció y luego se lo encendió para tranquilizarlo, lo aspiró hasta ponerlo al rojo vivo. Miró al visitante que yacía quejándose pegado a la pared y se le acercó. Al estar más cerca aspiró soltando el humo, pero lo que parecía una fumada normal no lo fue. En un movimiento rápido y antes que nadie se diera cuenta, le clavó en el cuello la punta ardiente del cigarro. Apenas si le dijo: 
-Gracias por apagármelo, se me había olvidado que no fumo.
El grito de dolor del hombre brotó desesperado. Pero al superar los sesenta decibeles Kurlo le dio una cachetada que lo volvió un simple lamento quejumbroso. 
Los otros visitantes, impresionados por lo que habían visto, y convencidos de que con aquello la conversación había llegado a su final, ayudaron a parase al herido y se dispusieron a partir. Solo que antes que lo hicieran Kurlo les conminó de nuevo a sentarse, esta vez con un tono seco y autoritario.
-Siéntense y explíquense -dijo- los voy a atender porque ese es mi negocio… pero tengan cuidado, no saben el peligro que corren cuando mal entiendo algo.
Al terminar de hablar volvió a reposarse en el sillón en donde estaba antes que se desencadenara la violencia. 
Del grupo otra vez fue el rubio quien habló: 
-Gracias, y perdone a Tulio, puedo asegurarle que no quiso ofenderlo.
 Le dio a este una mirada de consuelo y prosiguió- Pero como le dije, hemos venido a un negocio de mucha importancia. Tal vez más de lo que se puede imaginar.
-¿De qué se trata? – preguntó el matón.
-Usted debe haber oído o leído sobre el monstruoso desfalco que le han hecho recientemente a la nación ¿Me equivoco? 
Después de un prudencial silencio, como meditando la respuesta, Kurlo respondió: 
-Si, ¿Y qué? esa es la historia de siempre en Argentina… 
-Es correcto,- dijo el otro- Pero ahora hay una diferencia, se ha constituido secretamente una organización para liquidar corruptos.
En la cara de su interlocutor se dibujó un gesto de desconcierto. 
-¿Una qué? –inquirió.
-Como lo oye, una organización para liquidar funcionarios deshonestos. A nosotros se nos ha comisionado para tomar medidas punitivas empezando con este sonado desfalco a la nación. Tenemos todas las pruebas de la sustracción. Pero el caso es que entre otras cosas, fuera de las múltiples denuncias que no son procesadas por los organismos controlados por ellos mismos y las vacuas demandas judiciales que podamos intentar, tenemos plenas facultades para pasar a extremos poco convencionales. En pocas palabras, a condenarles a muerte ¿Me entiende? Y si lo acepta, usted es la persona seleccionada para liquidar a los involucrados.
Kurlo movió su mano derecha como buscando el meñique de la izquierda, pero se contuvo. Esta vez, a pesar del estado de estrés que le produjo lo que había oído se limitó a abrir un poco más los ojos.
El que hablaba se extendió para completar lo que decía:
- Esperamos que por esta vía haya un escarmiento y se acabe con esa desgracia que hemos sufrido por tantos años. No sé si le interesa, pero la actual impunidad, junto al populismo de las bandas políticas para conservarse en el poder han sido los culpables de la bancarrota del país.
Hizo otra pausa: 
-Lo que no sabemos es si usted es capaz de matar, una cosa es darle una paliza a alguien, aún tan terrible como se dice de las suyas, pero otra es expedirle el pasaporte para el otro mundo. 
El matón detuvo la mirada en un porrón de claveles que había sido quebrado por el sonido del timbre un rato antes. Otra vez quiso quebrarse el dedo pequeño de la mano izquierda, pero de nuevo lo aflojó, y solo cuando sintió que estaba libre dijo: 
-No tengo inconvenientes, pero el precio es alto.
Tres de los visitantes se miraron entre ellos, y luego de un gesto de acuerdo tácito sobre algo que sin duda ya estaba previamente analizado y decidido, respondieron casi al unísono en palabras y con gestos: 
-No importa, estamos dispuestos.
El que había recibido la golpiza, aún con una mano agarrada al cuello por la quemada, apenas si seguía la conversación y no dijo ni una palabra temiendo despertar otra vez la ira de su agresor.
Fue esta vez quien se había manifestado como jefe del grupo el que ajustó: 
- Sabemos que sus precios son los que se acostumbran para este tipo de trabajo, Porfirio Thomas nos dio los detalles de lo que cobra, es alto, pero siempre nos pondremos de acuerdo en el monto por persona. Considere que solo en este robo hay tres bandidos involucrados; como es obvio aquí no tenemos los detalles para que empiece el trabajo, eso se le suministraremos oportunamente, pero hay muchos otros casos, ahora  estamos terminando los expedientes para que no haya errores. Como puede ver es un trabajo largo y voluminoso.
-Quiero hacerles una observación - replicó Kurlo-, no lo consideren como un rechazo, pero antes de darles una respuesta definitiva debo meditar sobre el asunto, no trabajo sin antes hacer un cuidadoso análisis de los que representa mi aceptación a cualquier negocio de esta naturaleza. Lo mejor será que mañana venga uno de ustedes para darles la respuesta.  Que sea ese tipo- concluyó señalando al que lo molestó- 
Frente a aquella selección todos quedaron extrañados, pero en la cara del fulano adolorido se reveló un gesto de pánico que casi le cambia el color de los cabellos. 
Al verlo, el jefe del grupo soltó una sonrisa que no pudo ocultar, y agarrando un teléfono que estaba en la mesa adyacente, dijo: 
-Es comprensible lo que dice, voy hacer una llamada, ¿Puedo?
Apenas tomó el aparato Kurlo lo detuvo con un gesto rápido. 
-No, ese no- dijo - Es solo para insultos…perdón, lo puede usar, si va a insultar a alguien… 
Sin atinar a comprender lo que quería decir aquello, los presentes lo miraron extrañados. Pero al instante se los aclaró: 
-Miren, esta no es una casa normal, aquí las cosas se hacen de manera distinta, pero estrictamente ajustadas a la lógica y a los principios de la ciencia. Tengo como norma no asumir riesgos ni equivocarme. Por si no lo saben, el sonido es algo físico como todo lo que existe en la naturaleza, y cuando se habla por teléfono, las ondas sonoras emitidas por la boca dejan restos de vibraciones  con el estado de ánimo que teníamos al hacer esa llamada las cuales se quedan incrustadas al aparato. Al realizar la siguiente, muchos de esos residuos energéticos se pegan en la voz y le dan un tono que podría ser distinto del que queremos trasmitirle al nuevo interlocutor. Ese teléfono que ha agarrado solo lo uso para insultos, regaños o reclamos violentos, así que dígame que sentimientos va a trasmitir con su llamada y le prestaré el aparato adecuado. 
Diciendo esto, se paró, y le dio una explicación mostrándole un mueble con siete teléfonos colocados uno al lado del otro pero con algo que ligeramente les diferenciaba. 

-Este es para conversaciones de duda, este para estados de angustia, el que le sigue es para dar cariño y comprensión- Se movió un poco y prosiguió -  Este solo es para obtener beneficios, el de al lado para hablar tonterías, y el ultimo para engañar, es decir informar sobre algo falso.
Al oír aquello el hombre abrió la boca sorprendido y preguntó:
-¿Pero es cierto? ¿Eso es posible?
-Si es cierto. Lo que le dije está probado. Por eso allí se encuentran aparatos destinados a las seis formas esenciales de la relación humana. Solo puedo agregarle algo. La mayor causa de los conflictos está en conversar con alguien por un teléfono que tiene acumuladas ondas sonoras y energía de estados espirituales diferentes del que queremos comunicar- Bueno, ahora tome el que necesite.
El hombre aun sin salir de la sorpresa, contestó:
-Mire, le creo, pero vamos a dejarlo así por ahora, me cuesta asimilar lo que me ha dicho. Llamo luego, no es tan urgente.
Desde el sillón a donde lo habían dejado, el tipo de la quemada aumentó su estado de angustia pensando que debería volver a encontrarse con ese extraño personaje.
Continuará...
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